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¿Inmigrante vs. nacional?

Que la inmigración no es la causa de la actual crisis económica (y de empleo, y de principios, y de solidaridad) que castiga a Europa y de forma especial a España, lo sabemos todos. Y quien afirme lo contrario, o es un completo ignorante o es un perfecto malintencionado.

Ahora bien, que el inmigrante no es el adversario del autóctono en la disputa por las migajas que caen del mantel en el que “los dueños del mercado” meriendan nuestro esfuerzo, parece que no todos lo sabemos. Lo cierto es que hay muchas más personas –además de los ignorantes y los malintencionados antes citados- que de verdad ven al inmigrante como el obstáculo para la recuperación del empleo, que en cada trabajador o desempleado extranjero ven a alguien que les roba el empleo o que les quita beneficios sociales. Pero no me refiero a los racistas descerebrados, neonazis y skinheads, pues son marginales a los que se combate con las leyes, la policía y los jueces.

Me refiero a esas otras personas –que ni son tontas ni son malas, que son nuestros vecinos, parientes, amigos, compañeros- que aceptan razonamientos prejuiciosos, tópicos que a fuerza de ser repetidos acaban por parecer una realidad. Algunos son aparentemente inocuos, otros ostensiblemente dañinos, pero todos estos tópicos generan un racismo de baja intensidad pero alta difusión, que ahora se agrava por la escasez de oportunidades y el retroceso del estado de bienestar.

Desmontar estos tópicos es muy fácil con datos objetivos, cifras y estadísticas. Ni siquiera hay necesidad de apelar a principios, ni a eso que tanto parece que molesta de apelar a la memoria. Que los inmigrantes tienen una media de nivel educativo superior a la española; que aún los “sin papeles” pagan impuestos ya que pagan IVA e impuestos indirectos como todo el mundo; que si hay más extranjeros en las cárceles no es porque delinquen más sino porque su condición hace que no puedan acceder a la libertad provisional; que lo que los inmigrantes aportan en cuanto a consumo de bienes y servicios y dinamización de la economía es económicamente mayor que lo que puedan recibir de ayudas sociales; que son el 10% de la población pero representan el 5% del gasto de salud…., y muchos más etcéteras, todo ello es fácilmente comprobable, pero para ello hace falta querer informarse y querer pensar.

Contra los tópicos, realidades.

Y como parece que somos demasiado haraganes para pensar, hoy lo que haré es poner un ejemplo. Claro, actual, sencillo, comparable. Voy a poner el ejemplo de Argentina. Sencillamente porque soy argentina, y por ende podré hablar de lo que conozco (con sus luces y sus sombras). Para no aburrir no entraré en más detalles de los necesarios, así que de antemano pido disculpas por no profundizar. Lo que quiero es dar un ejemplo concreto, real, actual, anticipándome a la demanda con la que solemos encontrarnos los argentinos en cada enfrentamiento dialéctico con un interlocutor español. Siempre nos terminan pidiendo el ejemplo cuando tan cómodos estamos hablando de abstracciones…

Como sabéis, Argentina es un país de inmigrantes. Hasta mitad del siglo pasado, venían mayoritariamente de Europa y también de Oriente próximo. Ahora, Argentina sigue siendo país de inmigrantes. La diferencia es que mayoritariamente recibe inmigración de países limítrofes, aunque también recibe emigrantes asiáticos.

El 10% de la población argentina es inmigrante. O sea, como en España. De Bolivia proviene el grupo mayoritario, seguido por Perú y Paraguay, y luego China. Hace décadas, en algunas ciudades de la Patagonia, llegaba a haber más población chilena que argentina (por caso, mi ciudad natal, Río Gallegos).

Conocida es por todos la historia social y económica reciente de Argentina al menos hasta el año 2002, el de la tristemente célebre crisis del corralito, motivada por las políticas criminales de ajuste impuestas por el FMI. Poco se sabe fuera de Argentina cuál es la situación económica actual del país, ni como está sobrellevando la crisis mundial, de la que –evidentemente- no puede sustraerse.

Tampoco se sabe (posiblemente menos aún), que la actual ley de inmigración (sancionada en 2004 y cuyo decreto reglamentario es de mayo de 2010) es de lo más progresista del mundo. La gran novedad de la ley de migraciones es que pone el eje en el derecho de los inmigrantes. Derecho a la inmigración; a la igualdad de trato; al acceso, no discriminatorio, del inmigrante y su familia, a servicios sociales, bienes públicos, salud, educación, justicia, trabajo, empleo y seguridad social y derecho a la información. Estos principios establecidos en los articulados de la ley ponen a la Argentina en la vanguardia de del respeto a los derechos humanos en la materia. Martín Arias Duval, Director Nacional de Migraciones, se refirió al respecto: “El espíritu de la ley 25.871 radica en que ningún ser humano es ilegal y establece la migración dentro de las normas de derechos humanos.”

Su decreto reglamentario, de 3 de mayo de 2010, se presenta precisamente en un marco internacional donde las políticas migratorias adoptadas por los países hegemónicos en medio de las consecuencias de la crisis que azotó a las economías otrora modelos del neoliberalismo, cierran fronteras y expulsan con la misma receta de siempre. En palabras de la Presidenta Cristina Fernández, “Cuando uno mira las noticias en el mundo, o lee la página internacional en los diarios advierte que en los lugares comúnmente denominados más desarrollados, se está produciendo una suerte de regresión a formas xenofóbicas.”

Las dos orillas.

Mientras en Francia se realizan deportaciones masivas de gitanos, y en España la Policía sale a la caza y captura de “ilegales” e incluso realiza redadas para detectarlos de camino a realizar trámites en sus consulados, en Argentina se llega a un acuerdo para facilitar los trámites conjuntos con el consulado de Bolivia a efectos de la regularización de los residentes, y se agilizan los trámites para la obtención del DNI en no más de tres meses.

Y el lector ya habrá pensado hace unos cuantos renglones: ¿pero me van a decir que en Argentina no hay xenofobia y racismo? Claro que también lo hay, y más de lo que me gustaría. Pero al menos, en Argentina la ley y la administración del Estado, le dicen al xenófobo que el equivocado es él. Hay muchísimo camino por recorrer, pero al menos, tanto la ley, como las políticas migratorias, marcan un camino distinto al europeo.

Y lo más importante, que probablemente ni siquiera lo sepas si estás en Europa, porque de esto no se habla, pero:

–          Mientras en Europa el desempleo sigue subiendo, en Argentina bajó del 25% al 8%.

–          Mientras Europa lucha contra el déficit y el endeudamiento,  en Argentina se quintuplicaron las reservas en el Banco Central.

–          Mientras en Europa los bancos salen –como poco- a pedir ayudas, en Argentina el sistema financiero no quebró.

–          Mientras en Europa las ayudas para enfrentar la crisis fueron al sistema financiero, en Argentina un paquete estatal de $111.000 millones en infraestructura, préstamos, créditos al consumo, viviendas. Ni un peso a los bancos.

–          Mientras Europa recorta la inversión en educación, en Argentina el presupuesto educativo pasó del 1,2% al 6% del PBI.

–          Mientras en Europa se vuelven cada vez más corrientes palabras como “FMI” y “ajuste”, en Argentina esas palabras dejaron de formar parte del vocabulario cotidiano.

–          Mientras en Europa se quiere alargar la edad de jubilación, en Argentina 1.800.000 personas con aportes parciales y excluidos del sistema recibieron su beneficio, aún cuando por ley no les correspondía.

Y todo eso, con un 10% de inmigrantes, a los que no se les culpa de la crisis, ni se los ve como enemigos en la lucha por las migajas.

Y no estoy hablando de gobiernos, estoy hablando de países, de políticas de Estado. No pretendo hacer elogios ni críticas a los gobiernos de turno. Puedes pensar lo que quieras del gobierno argentino, y estoy segura de que muchas de tus críticas serán fundadas. Y lo mismo puedo decir de los distintos gobiernos europeos, pues esto no pretende ser una crítica a una gestión de gobierno. Y también puedes pensar que en muchísimos aspectos –aún con crisis- el estado de bienestar europeo supera con creces al modelo argentino. Y también seguramente tengas razón.

Lo que pretendo es más simple, es únicamente demostrarte con un ejemplo –real, actual y concreto- que no hace falta recortar derechos –ni de los inmigrantes ni de nadie- para enfrentar la crisis.

¿No será que lo que hace falta es que exijamos que la salida sea hacia el otro lado?

Seré mal pensada pero… ¿a que se deberá que en los medios hegemónicos europeos, las informaciones que llegan de Argentina no hablan precisamente de ésto?

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