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“Vuestra sociedad ideal es también una sociedad opresora”, dijo el anarquista al comunista. “No tenéis organización ni ideología y así no llegaréis a nada”, dijo el comunista al indignado. “Sois bipartidistas”, dijo el indignado al socialista. “Vuestra abstención termina beneficiando a la derecha”, dijo el socialista al anarquista.

Mientras tanto en la Moncloa, el presidente del gobierno junto al hombre de negro de los mercados se aprestaba a firmar el decreto que borraría los últimos vestigios de los derechos sociales y la igualdad de oportunidades. En la calle, ante la indiferencia de los viandantes, un grupo de fascistas insultaba a un inmigrante.

“Aunque mi ideal es una sociedad sin autoridad ni jerarquías, respeto vuestra vocación de poder y vuestras acciones a favor de una mayor igualdad y solidaridad social”, dijo el anarquista al socialista. “Un llamado de atención a los representantes y la exigencia de más democracia, no debería considerarse nunca inoportuno”, reconoció el socialista al indignado. “Indignarse es un gran comienzo, pero es cierto que no llegaremos a ningún lado si sólo nos quedamos en eso”, reconoció el indignado al comunista. “Creo que la sociedad sin jerarquías es sólo una utopía, pero es una bella utopía, y al fin y al cabo, son ellas las que nos hacen avanzar”, dijo el comunista al anarquista.

Entonces el hombre de negro se volvió por donde vino y el presidente del gobierno firmó un decreto convocando a elecciones, mientras los fascistas se dispersaban avergonzados ante el reproche espontáneo de los vecinos.

María Claudia Cambi

Nota de la autora: el texto que me inspiró es “Oh quepis, quepis, que mal me hiciste”, un cuento corto de Mario Benedetti. ¡¡¡¡Gracias Silvana por traerlo!!!!

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Quienes no saben quién es el General Juan Jaime Cesio (el Coronel Cesio, para los que lo admiramos desde hace años), se preguntarán el porqué de mi nota y de su título. Se extrañarán aún más si les cuento que este ciudadano fue descalificado por falta gravísima al honor con accesoria de pérdida del uso del grado, título y uniforme.

Pero si también les cuento que la sanción fue aplicada por la dictadura militar argentina, la de las desapariciones y violaciones a los DDHH (1976-1983), seguro que algo cambia en el lector.

La gravísima falta del entonces coronel Cesio fue acompañar a las Madres de Plaza de Mayo en una de sus marchas. Bueno, no se conformó con eso y declaró durante la dictadura que “bandas integradas por militares habían usurpado el gobierno” y que con “el mendaz propósito de combatir la subversión, cometieron delitos aberrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas”.

En momentos en que la práctica totalidad de los uniformados se callaron la boca y miraron para otro lado, a este señor se le dio por tener el coraje de decir la verdad.

Como consecuencia de semejante atrevimiento se le inició un sumario por “deshonor e indecoro militar”. Denunciar la desaparición de personas era indecoroso para nuestros militares. Se pidieron para el Coronel Cesio seis años de prisión mayor. Tras un sobreseimiento y un nuevo juicio, el llamado Superior Tribunal de Honor del Ejército le impuso, el 7 de noviembre de 1983 (un mes antes del fin de la dictadura y asunción de Raúl Alfonsín), la más grave de las sanciones previstas. “Descalificación por falta gravísima al honor, con la accesoria de privación de su grado, título y uniforme”. Al decir de Osvaldo Bayer, “Matar, desaparecer, robar niños, torturar a mujeres embarazadas, tirar al mar a seres humanos vivos, no era delito. Denunciar esos hechos, sí.”

Ante la condena del coronel Cesio, el director James Neilson, del Buenos Aires Herald, el 15 de noviembre de 1983, escribiría un artículo en el que señala: “Muy difícil sería encontrar una prueba más impresionante de los efectos profundamente corruptores del poder sobre las instituciones militares y los hombres involucrados en ellas que el suministrado por este lamentable episodio, revelador del inmenso daño infligido no sólo al país sino a las mismas fuerzas armadas por decenios de régimen militar directo o indirecto. Se ha perdido la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, entre lo que es honorable y lo que no lo es y la de haber instituido un código de silencio, que lo subordina todo al ocultamiento de la verdad no sólo de los extraños sino también de los militares que temen enfrentarla”.

Durante más de 20 años de democracia en la Argentina, la sanción aplicada al Coronel Cesio siguió vigente. Mientras tanto, los genocidas se beneficiaron de leyes de olvido y perdón, de indultos, algunos incluso fueron legisladores y gobernadores.

El Coronel Cesio, mientras tanto, fundó el CEMIDA (Centro de Militares para la Democracia Argentina), desarrolló una militancia política en el Partido Intransigente (lo cual me dio el honor de ser compañera de militancia), y siguió esperando, de la misma manera que la sociedad esperaba Justicia.

A continuación, una pequeña píldora de su pensamiento:

“Los militares sirven a la democracia en su profesión y se integran a su país como ciudadanos. Como militares obedecen, como ciudadanos hacen uso de las libertades que la Constitución les otorga, a la que defienden en todos sus órdenes; de entre ellos, el de velar por la paz.” “Se podría comenzar con tratados internacionales de desarme. Es insensato que en los presupuestos se destinen a la compra de armamentos recursos que servirían para paliar la desnutrición y cuidar la salud, entre tantas necesidades impostergables que nos conmueven. La tenencia de armas por parte de los ciudadanos debe ser restringida y ni siquiera debe aceptarse las que los niños usan para JUGAR”. 

No pocos pueblos de América latina han sido flagelados por los golpes de Estado militares a los que llamaron revoluciones cuando en verdad fueron involuciones. Aunque ninguno causó mayor daño y espanto que la última dictadura militar argentina. Los represores –que no solamente mataron y torturaron, sino que también se enriquecieron escandalosamente– ganaron la que llamaron guerra pero perdieron la paz porque se valieron del terrorismo de Estado. El Estado es el único que tiene el derecho de ejercitar la violencia e impone esta potestad tal exigencia ética, que resultan desde todo punto de vista abominables las acciones consumadas sin el debido encuadramiento legal.”

Durante la presidencia de Raúl Alfonsín fue designado Gerente de resguardo patrimonial de YPF y se envió por primera vez al Senado su pliego para que se le restituyera el grado. Finalmente -y una vez vencidas las resistencias de los sectores más rancios y conservadores- 30 años después del inicio de la dictadura que lo sancionó, y cerca de su cumpleaños 80, en el año 2006 recuperó formalmente el honor que nunca perdió. El entonces el presidente Néstor Kirchner envió al Senado los pliegos de ascenso a general de dos coroneles comprometidos con la democracia y la Constitución y perseguidos por grupos paramilitares. La propuesta de ascenso, presentada como una medida “reparatoria, que pone las cosas en su lugar”,alcanzaba al Coronel Cesio y al fallecido Martín Rico asesinado en marzo de 1975 “cuando investigaba a la Triple A”, la banda terrorista de ultraderecha que tras el golpe de 1976 fue asimilada al aparato represivo de la dictadura.

A sus flamantes 85 años, ha ganado al olvido y a la infamia. Su trayectoria vital no sólo es un ejemplo, sino un estímulo. Hoy el General Juan Jaime Cesio disfruta de un retiro honorable, en compañía de su esposa, hijos y nietos maravillosos. Y en libertad. Quienes lo conocen lo consideran un caballero valiente y honorable. Me honra  poder considerarlo amigo y estoy orgullosa de haber compartido militancia con él. Como diría otro amigo, es siempre maravilloso leer finales felices a vidas dedicadas a las reafirmaciones democráticas en épocas difíciles.

Hace tiempo escribí una nota titulada ¿Para que sirve la memoria?, y en respuesta contaba la historia de Manuel, un hijo de desaparecidos que recuperó su identidad. La historia de nuestro Coronel Cesio, es otra respuesta a la misma pregunta.

¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, QUERIDO GENERAL!!

Valencia, 1 de julio de 2011.

Nota de la autora: esta entrada se basa en una publicación ya realizada en mayo de 2010 que consideré oportuna difundir ahora en el blog, en homenaje a los 85 años del General. Adjunto en imágenes la entrevista  publicada por la emblemática Revista Humor en la época de la dictadura, y por cuyas declaraciones fue sancionado.

Aprovecho para agradecer a mi amigo, el periodista Dante López Foresi, por hacerme llegar tan valioso documento.

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Cuando le preguntaron a Solón si había elaborado las mejores leyes para Atenas, respondió: “He elaborado las mejores leyes que los atenienses estarían dispuestos a soportar.” En materia de respeto a los Derechos Humanos, no existe el Estado o Gobierno perfecto. Los hay con mayor o menor déficit democrático y de respeto a los Derechos Humanos, pero ninguno podrá decir que los cumple en su integridad, sin fisuras, sin manchas. Y es que los Derechos Humanos son una construcción permanente, son -parafraseando a Eduardo Galeano- la utopía en el horizonte que nos obliga a avanzar en su búsqueda. Y en esa búsqueda del Estado perfecto e inalcanzable, es que vamos construyendo el Estado posible, el que nos sirve, el Estado inclusivo que nos permite luchar por conseguir nuestros derechos.

¿Quiere decir eso que debemos aceptar ese déficit  “iushumanitario” como una fatalidad, o como un precio a pagar por vivir más o menos tranquilos? ¿Quiere decir que si estamos conformes, que si “queremos” al gobierno, es mejor no señalar, no denunciar, no exigir, no sea que terminemos beneficiando a quienes no están de nuestro lado?.

Mi respuesta es NO. Aceptar la necesaria “imperfección” en este aspecto no implica renunciar a andar el camino que nos lleva a Utopía. No implica mirar para otro lado. No implica resignación ni aceptar el mal menor. No habilita a que digamos: “los otros lo harían peor”.

Precisamente porque partimos de una universal necesidad de mejora, señalar los incumplimientos en materia de Derechos Humanos (o en otros aspectos fundamentales como el Medio Ambiente), y exigir su respeto, no nos hace “traidores a la causa”, ni nos convierte en “idiotas útiles” de los enemigos del proyecto de país que apoyemos.

Al contrario, si de verdad crees en un proyecto de país inclusivo y respetuoso de los Derechos Humanos, y si apoyas al proyecto político en el gobierno, no debes dudar en exigir y ayudar a la consecución de nuevos logros y reivindicaciones en materia de DDHH. Mirar para otro lado, hacer de cuenta que ese déficit no existe, sólo fortalece a quienes no creen en ellos, a aquellos que utilizarán esas reivindicaciones como mero instrumento electoral, que mediatizarán los derechos de las personas con el único objeto utilizarlos como arma contra un proyecto progresista.

Hace un tiempo alguien nos trató poco menos que de cipayos del imperialismo de USA y de Israel,  a quienes liderábamos una campaña contra la ejecución de menores de edad por ser homosexuales en Irán,  que consistía en escribir a los Presidentes de Venezuela y Brasil para que intercedan ante Ahmadineyad por la vida de esos jóvenes. Hay quienes pensaban que hacíamos el juego a Estados Unidos otorgando más excusas para invadir Irán. Pues yo creo precisamente lo contrario. Si quienes defendemos la independencia de los pueblos, si quienes estamos en contra de la ocupación de Irak y Afganistán y de cualquier tipo de guerra preventiva, si quienes combatimos la islamofobia somos quienes -desde el respeto a la diversidad cultural y sin etnocentrismos- lideramos esa lucha, evitaremos que la instrumentalicen aquellos que claman al cielo ante esas ejecuciones, pero que si esos mismos jóvenes mueren bajo un misil americano, lo considerarán un mero daño colateral.

Miremos más cerca… ¿que hay de España? ¿Crees que -a pesar de todo- un gobierno progresista o una alianza de izquierdas será siempre mejor que un gobierno de derechas? No te calles, exige entonces y ve a por más. No te hace traidor a tu partido ni a tu país denunciar, por ejemplo, ese tremendo agujero negro en materia de Derechos Humanos que son los CIEs, Centros de Internamiento de Extranjeros, de personas que no han cometido ningún delito, en condiciones peores que una cárcel, por una falta administrativa. ¿Crees que el salvataje financiero y la privatización de las Cajas de Ahorro es premiar a los responsables de la desigualdad económica? No te calles, hazle saber a tu gobierno que si se enfrenta a los poderes fácticos que imponen este sistema injusto (el mercado, que le dicen) estarás con él.

¿Apoyas el proyecto CFK para Argentina? ¿Aplaudes su política de Derechos Humanos? Pues precisamente por eso no te cortes ni seas obsecuente. Hay temas demasiado importantes que siguen pendientes, como la agresión ambiental de la Minería a Cielo Abierto, como las reivindicaciones de los Pueblos Originarios. No permitas que queden bajo la alfombra. La problemática de la inseguridad ciudadana es otro tema demasiado importante como para que sea una herramienta electoral de los sectores más reaccionarios de la sociedad: para nosotros no debe haber víctimas de segunda, deben dolernos tanto las víctimas del “gatillo fácil” policial, como la víctima de un atraco, de desnutrición, o de un atentado terrorista.

Alguien a quien recuerdo con mucho cariño me dijo una vez: “Quien te avisará que vas con la bragueta abierta o tienes espinaca entre los dientes, es tu amigo. Los demás, te verán, se callarán y dejarán que sigas así.” Pues eso, ACTUEMOS COMO AMIGOS.

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