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Archive for the ‘feminismo’ Category


Os aseguro que he intentado, pero después de recabar opiniones de familiares, amigos, conocidos, colegas, contactos, expertos, autoridades, etc., no he podido encontrar a nadie que esté a favor del aborto.

Yo tampoco. Yo no promociono el aborto, yo no recomiendo abortar a cada mujer embarazada que veo, tampoco afirmo que el hecho del aborto sea bueno ni que te haga más feliz, yo no digo: toda mujer debería abortar al menos una vez en la vida. Y -sinceramente- hasta ahora no he oído ni leído a nadie que piense así.

Con lo que me encontré es con personas de las más diversas opiniones y creencias en los aspectos morales, éticos y religiosos, y en las más diversas situaciones: hombres y mujeres, solteras y casadas, ricos y pobres, madres, padres, hermanos… Me encontré con quienes están en una posición en la que jamás se encontrarían con semejante dilema personal, y sin embargo rotundamente afirman que jamás justificarían un aborto y se cierran ante cualquier argumento  despenalizador. Y a la inversa, me encontré con personas que en su esfera personal han decidido o creen que decidirían siempre no abortar, y sin embargo están a favor de la despenalización del aborto y defienden el derecho de la mujer a recibir asistencia y poder de decisión en ese aspecto.

A favor o en contra del aborto es un falso eje de discusión. Tan falso como autoproclamarse “provida” quienes están a favor de la criminalización del aborto. Aclarado esto ¿en contra o a favor de qué?. Vamos por partes:

El aborto es una cuestión de Derecho Penal. EN CONTRA.

Está demostrado que la amenaza penal no logra evitar abortos. Lo único que logra es que la intervención se produzca en la clandestinidad. Que a una mujer que se encuentra en uno de los momentos más difíciles de su vida, se le añada el estigma de la criminalización y el rechazo. Que la clandestinidad a la que se ve obligada la lleve a tener que tomar decisiones en soledad y sin ningún tipo de amparo.

La aplicación de las normas penales tampoco funciona, ni puede funcionar. Aplicar el Código Penal y perseguir el delito implicaría que deban ir presas cada año casi cientos de miles de mujeres por cada país que lo haga. Mujeres que pueden ser nuestras hermanas, amigas, vecinas, cuñadas, maestras… En general, ni siquiera se persigue el delito, porque la sociedad no está dispuesta a que esas mujeres vayan a prisión. Los procesos penales iniciados casi nunca terminan en condena, pero la persecución penal y el sometimiento a juicio es una condena en sí misma para la mujer. Que paradójico, mientras una parte de la sociedad demanda -con toda razón- que se penalicen actos que actualmente están fuera del Código Penal permitiendo que estafadores y vaciadores de las arcas públicas estén en libertad, otra parte de la sociedad

El principal efecto que produce la criminalización del aborto es que éste se produzca en la clandestinidad, y que la mujer tenga que enfrentarse a esa decisión sin ningún tipo de contención institucional.

El aborto es una cuestión de Salud Pública, Justicia Social y Derechos Humanos. A FAVOR.

El aborto clandestino coloca a las mujeres en una situación de vulnerabilidad mayor en comparación con el aborto legal. Muchas veces deciden afrontar el tema en la más absoluta soledad con la consiguiente indefensión ante cualquier problema. Muchísimas veces ante una complicación el miedo a enfrentarse a la justicia impide que acudan al auxilio médico.  Incluso cuando el aborto se realiza en las mejores condiciones, cuando el dinero no es un problema, la clandestinidad en sí misma es un factor que aumenta exponencialmente el riesgo de muerte. Muertes que podrían evitarse. Por eso el aborto es una cuestión de Salud Pública.

El aborto clandestino aumenta el riesgo de muerte sin distinción de clases, pero además agrava las diferencias entre ricos y pobres, poniendo en una situación de vulnerabilidad máxima a las mujeres sin recursos económicos. Ellas no podrán acceder a una clínica privada. Deberán recurrir a métodos caseros o a profesionales no cualificados y lugares no habilitados. Por eso el aborto es también una cuestión de Justicia Social.

El 77% de los líderes antiaborto son hombres. El 100% de ellos nunca estarán embarazados.

El 77% de los líderes antiaborto son hombres.
El 100% de ellos nunca estarán embarazados.

El Estado debe evitar todas las muertes evitables. Y estando comprobado que la persecución penal no disminuye el número de abortos, la acción del Estado debe dirigirse a que el aborto pueda realizarse en condiciones seguras de salubridad. El Estado tiene a su alcance impedir las muertes de las mujeres más vulnerables por los abortos clandestinos. Los abortos inseguros son la principal causa de mortalidad materna en muchos países  donde el aborto es considerado delito. Añadamos el hecho de que no hay ninguna situación comparable en la que se encuentre la otra mitad de la especie -el género masculino- como consecuencia de la decisión de interrumpir un embarazo no deseado. Incluso cuando ambos están de acuerdo, la vida en riesgo como consecuencia de la clandestinidad es la de la mujer. Es una clara situación de desventaja evitable en la que se encuentra más de la mitad de la población. Por eso el aborto es una cuestión de Derechos Humanos.

Despenalizar el aborto no aumentará el  número de abortos. No hay ningún país del mundo donde ello haya ocurrido. Al contrario, la despenalización del aborto va de la mano de políticas de educación sexual que lo que hacen es evitar precisamente los embarazos no deseados. Además, estoy convencida de que hay más posibilidades de que decida continuar su embarazo una mujer en situación de desprotección si puede acudir a las instituciones, recibir asesoramiento y apoyo y -con la contención adecuada- decidir libremente, que las posibilidades de decidir continuar que tiene una mujer que se ve obligada a acudir al circuito clandestino cuyo único destino es el aborto, no la contención ni la ayuda institucional.

Por eso: Educación sexual para poder decidir libremente, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

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Hace unos días publiqué un artículo en este mismo blog compartiendo mis ideas acerca del feminismo y de su justificación en la lucha por una igualdad real de géneros, con la finalidad de hacer pedagogía sobre una confusión de conceptos -demasiado extendida para mi gusto- en la que caen alguna personas, que creen que el feminismo cree en la superioridad de la mujer y busca “dar vuelta la tortilla” para disfrutar de los privilegios masculinos, a la manera de un machismo pero al revés. Quien tenga interés lo puede leer aquí:
https://dosorillas.wordpress.com/2012/06/06/feminismo-porque/

Tengo asumido que el esfuerzo pedagógico que hay que hacer en este sentido es mucho, así como que muchas personas  creen sinceramente que la igualdad real de géneros puede conseguirse por otras vías distintas que el feminismo. Pero hay algo que no puedo digerir de ninguna manera, y es la victimización de los machistas ante la pérdida de sus privilegios. Los privilegios de unos se basan en la carencia de derechos de otros. No hay vueltas. Los privilegios son excluyentes. Los privilegios machistas sólo se sostienen ante la carencia de derechos y de igualdad de oportunidades de las mujeres. Por eso no es legítimo defender privilegios. NO SE TIENE DERECHO A LOS PRIVILEGIOS.

De lo que se trata es de igualdad de derechos y oportunidades para todos sin distinción de género. Y eso es lo que defiende el feminismo. Nada más. Lo que pasa es que dado el punto de partida de desigualdad tan grande, ha sido y sigue siendo necesario derribar privilegios para conseguir la igualdad. No hay otra forma. Los privilegiados dominaron el Derecho, la organización social y económica, las instituciones, durante siglos, y no movieron un dedo para cambiar las reglas de juego en pos de una igualdad de derechos hasta que no comenzó la lucha de las mujeres por sus derechos.

Afortunadamente, el feminismo no es hoy un movimiento exclusivamente femenino. No hace falta ser mujer para ser feminista, como no hace falta pertenecer a una minoría étnica para luchas por la igualdad racial. Pero a los que denostan el término feminismo, les pregunto: ¿Cómo córcholis pretenden que se llame o que sea un movimiento por la igualdad de derechos de género si hasta que no surgió el feminismo no se movió un dedo por la igualdad? ¿Por qué hubo que luchar por el sufragio femenino si quienes gobernaban tenían la potestad de contemplarlo? ¿Por qué hubo que luchar por la patria potestad compartida en medio de un tremendo rechazo a que la última palabra dentro de la familia dejara de ser del padre? ¿Seguimos con ejemplos? Pongo varios en el artículo que antes cito. Con estos antecedentes y en este entorno, ¿de verdad alguien cree que se puede alcanzar la igualdad de género si no es reclamando el reconocimiento y ejercicio real de derechos del género discriminado?

Si me resulta inaceptable el victimismo de quienes ven amenazados sus privilegios, me produce igual o mayor rechazo el negacionismo. Hay quienes niegan el Holocausto nazi  contra judíos, gitanos, homosexuales y otras minorías. Otros niegan que haya existido en Argentina durante la última dictadura un plan sistemático de genocidio y desaparición de personas, escudados en el “algo habrán hecho”. Ejemplos de negacionismo de este estilo hay demasiados.

También hay personas que a pesar de que un día sí y otro también nos encontramos con mujeres y niños cayendo como moscas a consecuencia de la violencia machista -incluso en países que se proponen seriamente terminar con ella- continúan negando su existencia. Negar el Holocausto o a los desaparecidos recibe -normalmente- rechazo social, pero la violencia de género continúa siendo en muchos casos negada o minimizada -que al fin y al cabo es negarla- desde personas que incluso se consideran progresistas y a favor de la igualdad, escudándose en falacias tales como la existencia de denuncias falsas o la falta de custodia compartida.

Con relación a la custodia compartida de los hijos después del divorcio: he aquí un caso en que los hombres son víctimas del machismo. Los hombres comprometidos durante el matrimonio con el reparto equitativo de las obligaciones familiares -que siguen siendo minoría- se ven perjudicados por el machismo que ha traído una injusta división de roles. Personalmente estoy de acuerdo con la custodia compartida de los hijos cuando antes de la ruptura matrimonial también la custodia y la responsabilidad fue compartida. Son demasiados los hombres que se acuerdan de ello recién después del divorcio, mientras antes toda una sociedad los alentaba a invocar el “hazlo tú que eres su madre”.

Y en cuanto a las denuncias falsas de violencia, no son superiores en proporción estadística que las que hay en cualquier tipo de delitos. Y otra vez es el machismo el que perjudica a los hombres cuando son víctimas de falsa denuncia. Si no encontráramos en los titulares de prensa cada día un caso de violencia contra mujeres e hijos a consecuencia del machismo y del “a mí nadie me abandona”, y si no hubiera habido tantos años de negacionismo en este aspecto con el “es un asunto privado”, no existiría el concepto de violencia de género ni existiría una protección especial de las instituciones. Claro que no toda violencia contra una mujer es violencia de género (un arrebato en la calle es violencia y seguramente no de género) y también hay hombres que son maltratados por sus mujeres. Cuando un hombre es maltratado por su mujer suele terminar siendo víctima no sólo de su pareja sino también del machismo de la sociedad, no sólo por ser una situación poco frecuente, sino porque el propio hombre siente vergüenza de ello: “¡cómo te vas a dejar pegar por una mujer!”.

Personalmente -y más allá de las buenas intenciones- el negacionismo o la relativización de la violencia machista me resulta tan cómplice como el negacionismo del genocidio nazi o el negacionismo de la existencia de un plan sistemático de desaparición de personas en la última dictadura argentina.

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Imaginemos por un momento que…..

  • Nuestros padres y abuelos -hombres- necesitaban la autorización de su esposa para abrir una cuenta bancaria (los negocios son cosa de mujeres).
  • Nuestros padres y abuelos carecían de derecho al voto por el único hecho de ser hombres (la política es cosa de mujeres).
  • La violencia física y verbal contra nuestros padres, abuelos, hermanos, hijos -por el sólo hecho de ser hombres- estaba socialmente permitida hasta ayer nomás, y aún está a la orden del día.
  • El primer hombre que obtuvo el título de Médico lo logró después de una fatigosa lucha: primero para que le permitan acceder a la Universidad -reservada sólo para las mujeres conforme a sus propias normas-, luego para no ser discriminado e incluso insultado por sus propias compañeras y profesoras… y finalmente con título en mano resignarse a trabajar de enfermero, porque eso era lo que hacían los hombres.
  • El acceso a la judicatura, hasta hace no muchos años, estaba reservado sólo a las mujeres, teniendo los hombres dicha actividad prohibida por ley.
  • Los hombres cobran un 25% menos que una mujer por igual tarea.
  • A los hombres, regularmente,  se les plantea el dilema de tener que elegir entre ser padres y progresar en su trabajo; o se les considera un punto en contra laboralmente el hecho de tener familia e hijos.
  • A los hombres se les acosa de forma cotidiana -de palabra y de hecho-  por cualquier desconocida por la calle, convencida de que tiene derecho a opinar a viva voz sobre el tamaño de su pene o sobre lo redondo de su trasero, se cree que por mostrar las piernas ya cualquiera puede tocarle el culo.
  • Se les mata “legalmente” de forma horrenda por haber cometido adulterio, pero a la mujer adúltera no le pasa nada.
  • Se considera atenuante penal que la mujer mate al hombre que la engaña, en defensa del honor (en países de nuestro entorno como México, sin ir más lejos), por lo que es menor la pena por matar a un hombre que a una vaca.
  • Estas situaciones ocurren actualmente y en nuestro entorno, no son parte de la historia lejana ni necesariamente de sociedades “atrasadas”.
  • Cada avance del género masculino hacia la igualdad de derechos y oportunidades se debió a una larga y sacrificada lucha de hombres -y unas pocas mujeres que los apoyaban- que logró arrancar esos derechos de una sociedad matriarcal y hembrista. Una sociedad cuyo establishment consideraba a esos hombres luchadores por la igualdad de género como unos insatisfechos y aburridos que no valoraban lo que tenían.
  • En esa sociedad que describo las que las mujeres estaban -y siguen estando- cómodas con sus  privilegios. Y por eso, teniendo la potestad de cambiar las cosas no lo hicieron. Las mujeres que detentaban el poder jamás hubieran movido un dedo en favor de la igualdad de género, a pesar de que eran ellas quienes podían hacer y deshacer las normas jurídicas y sociales por ellas también creadas.
  • Por eso, y dado que la consecución de la igualdad de género se lograría a través del empoderamiento del género masculino para equipararlo a las mujeres, y que esa lucha vino -principal y casi exclusivamente- de los mismos hombres discriminados, ese movimiento tomó en nombre de “masculinismo”.  Esos hombres no querían dar vuelta los roles, sólo querían la igualdad, pero no había manera de conseguirla si no era luchando, y haciéndolo por sus derechos.
  • Fueron -y son aún hoy- tildados de locos, de extremistas, de revanchistas…. precisamente por parte de las mujeres que durante siglos pudieron cambiar las cosas y no lo hicieron sino a partir de las reivindicaciones masculinistas.

¿Seguimos?

¿O ya es momento de que hagamos la simple operación de invertir los géneros y describir la historia y la realidad actual?

De ser real todo lo que hemos imaginado, el movimiento de lucha contra la discriminación y las desigualdades por razones de género se llamaría “masculinismo”, y la lucha sería contra una sociedad desigual, manejada por “hembristas”, que creen que las mujeres merecen privilegios económicos, sociales y de poder, por el sólo hecho de ser mujeres.

Pero como todos sabemos, vivimos y sufrimos, la realidad es exactamente la inversa. Y por eso todavía la lucha por la igualdad es una lucha FEMINISTA, y si hay un día para recordar al género discriminado, es el día de la mujer.

Aclaración necesaria: lucha feminista no quiere decir lucha femenina. La lucha por la igualdad es una lucha de todos, hombres y mujeres. El feminismo no busca derribar derechos de nadie, con lo que quiere terminar es con los privilegios, porque una sociedad más justa beneficia a TODOS. Como bien expresa mi amigo Jaume D’Urgell: “El feminismo NO es un machismo pero al revés.”

Ojalá muy pronto la igualdad de derechos esté tan instalada que la discriminación y la violencia de género contra una mujer no sea ni más ni menos frecuente que la que pueda sufrir un hombre en circunstancias similares. Cuando llegue ese día -que espero fervientemente que lo vea mi hija- el feminismo habrá cumplido su objetivo y habrá perdido su razón de ser. Mientras tanto, LA LUCHA POR LA IGUALDAD SEGUIRÁ SIENDO FEMINISTA.

María Claudia Cambi

Valencia, junio de 2012.

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Fechas como hoy -8 de marzo Día Internacional de la Mujer- son propicias, por un lado, a las puestas en escena acompañadas de flores, saludos y salidas especiales, y demás “ceremonias expiatorias”, durante  24 horas de tregua, tras las cuales “volvemos a nuestras masacres, paganas u ortodoxas, en nombre de Dios, la Patria o cualquier otra impostura”, al decir de mi amigo Eddie Abramovich.

Por otro lado, en estas fechas y los días previos es frecuente escuchar cuestionamientos tales como: “¿Y por qué no existe el Día Internacional del Hombre?”… O también: “Un Día de la Mujer es discriminatorio hacia el hombre…  ¿Y si lo llamamos Día de la Igualdad?”. Igualito que cuando llega el Día del Orgullo Gay siempre alguien reclama: “Yo quiero el Día del Orgullo Heterosexual”….

A todos aquellos que formulan esas preguntas los invito a encontrar la respuesta imaginando por un momento que…..

  • Nuestros padres y abuelos -hombres- hubieran necesitado la autorización de su esposa para abrir una cuenta bancaria.
  • Nuestros padres y abuelos hubieran carecido de derechos políticos por el único hecho de haber sido hombres.
  • La violencia de género contra nuestros padres, abuelos, hermanos, hijos, hubiera estado socialmente permitida hasta ayer nomás, y aún estuviera a la orden del día.
  • El primer hombre que obtuvo el título de Médico lo logró después de una fatigosa lucha: primero para que le permitan acceder a la Universidad , reservada sólo para las mujeres conforme a sus propias normas, luego para no ser discriminado e incluso insultado por sus propios compañeros y profesores… y finalmente con título en mano resignarse a trabajar de enfermero, porque era hombre.
  • El acceso a la judicatura, hasta hace no muchos años, hubiera estado reservado sólo a las mujeres, teniendo los hombres dicha actividad prohibida por ley.
  • Los hombres cobraran un 25% menos que una mujer por igual tarea.
  • A los hombres, regularmente,  se les planteara que tienen que elegir entre ser padres y progresar en su trabajo; o se les considerara un punto en contra el hecho de tener familia e hijos.
  • A los hombres se les acosara de forma cotidiana -de palabra y de hecho-  por cualquier desconocida por la calle, convencida de que tiene derecho a opinar a viva voz sobre el tamaño de su pene o sobre lo redondo de su trasero. O a creerse que por mostrar las piernas ya cualquiera puede tocarle el culo.
  • Se les matara “legalmente” de forma horrenda por haber cometido adulterio, pero a la mujer adúltera no le pasara nada.
  • Se considerara atenuante penal que la mujer matara al hombre que la engaña, en defensa del honor (en países de nuestro entorno como México, sin ir más lejos), por lo que sería menor la pena por matar a un hombre que a una vaca.
  • Las situaciones que estás imaginando ocurren actualmente y en nuestro entorno, no son parte de la historia ni necesariamente de sociedades “atrasadas”.
  • Imaginemos también que cada avance del género masculino hacia la igualdad de derechos y oportunidades se debió a una larga y sacrificada lucha de hombres -y unas pocas mujeres que los apoyaban- que logró arrancar esos derechos de esa sociedad matriarcal y hembrista, en las que las mujeres estaban -y siguen estando en muchos aspectos- cómodas con esos privilegios; mujeres que jamás hubieran movido un dedo en favor de la igualdad, siendo que eran ellas quienes podían hacer y deshacer las normas jurídicas y sociales por ellas también creadas.

Y así, podemos seguir con nuestra ficción e imaginar muchísimas situaciones equivalentes. Sólo hay que ver la historia reciente y la realidad actual, y cambiar la palabra mujer por la palabra hombre.

De ser real todo lo que hemos imaginado, el movimiento de lucha contra la discriminación y las desigualdades por razones de género se llamaría “masculinismo”, y la lucha sería contra una sociedad desigual, manejada por “hembristas”, que creen que las mujeres merecen privilegios económicos, sociales y de poder, por el sólo hecho de ser mujeres.

Pero como todos sabemos, vivimos y sufrimos, la realidad es exactamente la inversa. Y por eso todavía la lucha por la igualdad es una lucha feminista, y si hay un día para recordar al género discriminado, es el día de la mujer. Aclaración necesaria: lucha feminista no quiere decir lucha femenina. La lucha por la igualdad es una lucha de todos, hombres y mujeres. El feminismo no busca derribar derechos de nadie, con lo que quiere terminar es con los privilegios, porque una sociedad más justa beneficia a TODOS. Como bien expresa mi amigo Jaume D’Urgell: “El feminismo NO es un machismo pero al revés.”

Ojalá muy pronto la igualdad de derechos esté tan instalada que la discriminación y la violencia de género contra una mujer no sea ni más ni menos frecuente que la que pueda sufrir un hombre en circunstancias similares. Cuando llegue ese día -que espero fervientemente que lo vea mi hija- el feminismo habrá cumplido su objetivo y habrá perdido su razón de ser, y el Día Internacional de la Mujer será tan innecesario y vacío de contenido como lo sería hoy el Día del Hombre.

Mientras tanto, sigamos utilizando este día para la reflexión, para renovar el compromiso contra la violencia de género y por la igualdad, para dar testimonio, para recordar. Y sigamos luchando TODOS nosotros, y TODOS los días.

(Cuando llegue el Día del Orgullo Gay, os invito a hacer el mismo ejercicio, y encontraréis la respuesta a por qué ese día es tan necesario, y por qué es tan ridículo reclamar que exista un Día del Orgullo Heterosexual).

María Claudia Cambi

Valencia, marzo de 2012.

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SON TODAS PUTAS, de Ana Wajszczuk. (1)

Ponen avisos en el diario ofreciéndote como mercadería porque sos una puta.

Te secuestran te drogan, te golpean, te prostituyen, tal vez hasta te matan, mientras tu madre pone patas arriba las comisarías, porque sos una puta. (2)

Te asesinan en la frontera de Tijuana porque a nadie le importa, si sos una puta.

Cierran Las Casitas, el barrio prostibulario más grande de la Argentina, para volverlo a abrir por orden [de un juez] federal a los pocos días, porque qué más da, son todas putas.

Te prenden fuego, te clavan ciento y pico de puñaladas, te lo merecés porque sos una puta. (3)

Te mutilan el clítoris a los ocho años porque vas a ser una puta.

Te cortan la pollerita [minifalda] en tevé para que muestres el culo porque sí, porque son todas putas. 

Muerta de hambre, una “Sociedad de Socorros Mutuos” te promete trabajo cruzando el océano y terminás en la Swig Migdal porque aquí o allá, ya eras una puta. (4)

En la guerra te violan del bando enemigo porque es tu merecido: sos una puta. (5)

Te casan de prepo a los doce con un viejo de cincuenta justo antes de que te vuelvas una puta.

Piden una dote por vos, porque algo siempre se paga por una puta.

Te lapidan porque fuiste adúltera: una puta.

Te golpean y te tiran del balcón porque sos una puta.

Decías que no pero querés decir que sí, porque en el fondo, todas son putas.

No te toman la denuncia de violación porque es tu marido, ¿o acaso sos una puta?

Perseguís hombres en las propagandas de desodorantes porque cuando no son obsesivas de la limpieza o madres, para el mundo publicitario son todas putas.

Te violan por provocadora, por puta.

Te gusta cojer [follar], claro, si sos una puta.

Te encanta mostrarte, como a toda puta.

En el fondo no sos lesbiana, si a todas les gusta, porque son todas putas.

Ellos tienen un instinto irrefrenable que deben satisfacer, y vos satisfacés porque sos una puta.

El “oficio más viejo del mundo”, ser una puta.

Una esclava, una mercadería, una “conejita”, una botinera, una actriz, una chica de tapa, una bestia en la cama: una puta.

En la bolsa de gatos de un mundo donde la subordinación sexual de la mujer muta por una cadena de significantes que van del relativismo cultural a la “liberación femenina”, pasando por los lugares comunes más enquistados y recalcitrantes, con el mismo estereotipo de fondo, apenas bastan dos sílabas para ocultar la denigración de todo un género.


No acostumbro publicar textos ajenos en mi blog, salvo en contadísimas ocasiones en las que quiero contribuir a darles la mayor difusión posible. Éste es uno de esos casos. Las notas al pie son de mi autoría.

(1) Ana Wajszczuk es una poetisa y periodista argentina, nacida en 1975. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de Buenos Aires, con especialidad en Periodismo. Es coeditora de la revista de poesía joven latinoamericana Los Amigos de lo Ajeno. Actualmente trabaja como periodista en diversos medios de Costa Rica y Argentina. Ha publicado en poesíTrópico Trip y participado en varias antologías, entre ellas Poesía en la FisuraBuenos Aires no duerme y Poesía en el subte. En 2001 ganó el tercer premio del concurso Gines García de poesía organizado por la Subsecretaría de Cultura de La Plata, también quedó finalista en la VI edición del concurso de poesía Sor Juana Inés de la Cruz. En el año 2003 ganó el XXII Concurso de Poesía Ciudad de Badajoz, en España, con su poemario El libro de los polacos.

(2) Clara alusión al caso de Marita Verón (secuestrada en 2002 por una red de trata de mujeres con importantes vínculos en las fuerzas de seguridad), cuya madre, Susana Trimarco no ha dejado de luchar por su restitución. En estos momentos se está sustanciando el juicio contra trece imputados en la Cámara Penal de Tucumán (Argentina).

(3) Hace unos 15 años Carolina Aló fue asesinada de 113 puñaladas por su novio Fabián Tablado, quien ya disfruta de salidas transitorias de la cárcel.

(4) La Swig Migdal o Zwi Migdal era una organización mafiosa que controló entre 1906 y 1930 el negocio de la prostitución en Argentina. Las mujeres eran traídas engañadas de las zonas más pobres de Europa del Este, bajo falsas promesas matrimoniales, y terminaban en prostíbulos de Buenos Aires y Rosario. Su jefe era el polaco Noé Trauman, cuyo imperio se desmoronó en 1930 gracias a la denuncia de una de sus ex pupilas, Raquel Liberman.

(5) Yo agrego: también los de tu propio bando.

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Hace minutos -siendo todavía 1 de agosto en Argentina- la prensa ha dado la noticia de la muerte, a los 99 años, de Florentina Gómez Miranda, una de las mujeres que más luchó por la igualdad de género -especialmente en las relaciones de familia- en la República Argentina.

Fue maestra, abogada y dirigente política, pero su lucha por la igualdad en las relaciones familiares la comenzó prácticamente desde su niñez, cuando advirtió que sus dos hermanos varones gozaban de mayores privilegios y comodidades que las seis hermanas mujeres.

Como Diputada Nacional por la Unión Cívica Radical, de 1983 a 1991, desde la presidencia de la Comisión de Mujer, Minoridad y Familia, impulsó y logró la sanción de leyes que cambiaron para siempre la configuración jurídica patriarcal y anticuada de la familia argentina e introdujeron la igualdad:

  • Patria potestad compartida
  • Divorcio vincular
  • Derecho de la mujer casada a seguir usando el apellido de soltera
  • Pensión de la cónyuge divorciada
  • Pensión de concubina y concubino
  • Igualdad de los hijos extramatrimoniales
  • Pensión al viudo

También desde su función legislativa abogó por el otorgamiento de rango constitucional a los Tratados de Derechos Humanos.

Florentina Gómez Miranda era feminista. Y como tal, no se limitó a luchar por los derechos exclusivos de las mujeres, sino que combatió el machismo en el seno de la familia y luchó por la igualdad y los Derechos Humanos.

Florentina es un estupendo ejemplo de cómo las feministas somos feministas porque luchamos por la igualdad.

Luchó por la patria potestad compartida. Y claro, fue una lucha feminista, porque hasta ese momento la patria potestad la tenían los padres. Reivindicó el derecho de la mujer a conservar su apellido, que hasta entonces cedía a favor del apellido del marido. Reivindicó al derecho a la pensión de la cónyuge divorciada que no tenía otros ingresos. Y claro, para luchar por la igualdad de derechos tuvo que combatir privilegios que hasta ese momento eran masculinos. ¿Cómo no ser feminista?

El feminismo, como ideología de la igualdad, encuentra en Florentina Gómez Miranda un ejemplo perfecto, porque en su lucha por la igualdad trabajó en la eliminación de los efectos del machismo en las relaciones familiares, incluso cuando no era una necesidad de las mujeres. Necesidad femenina no, pero lucha feminista si. Por eso impulsó el derecho a pensión del viudo (no reconocido en una sociedad que no concebía que fuera el hombre el que pudiera depender económicamente de la mujer), porque como feminista que era creía profundamente en la igualdad.

En una época en la que aquéllos que detentan los poderes fácticos y económicos -los que no necesitan de la democracia- pretenden convencernos de que los valores más altos de la política no valen nuestra pena, ni nuestro esfuerzo, de que se puede hacer política detestando la política y jactándose de ello, de que el poder ciudadano y los valores democráticos no importan, la figura de Florentina Gómez Miranda y su lucha por la Igualdad, la Solidaridad, la Justicia y los Derechos Humanos, su militancia auténtica y desinteresada hasta último momento, debería ser suficiente para avergonzar a aquéllos que son simples mercaderes de la cosa pública.

Descansa en Paz. Acá queda tu legado.

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Después de repasar entre las opiniones de mis familiares, amigos, conocidos, compañeros de trabajo, contactos de redes sociales, autores de publicaciones al respecto, autoridades, etc., puedo afirmar que hasta ahora no conozco a ninguna persona que esté a favor del aborto. Me arriesgaría a decir que -salvo las excepciones que siempre pueden existir- NADIE está “a favor del aborto”.

Yo tampoco lo estoy. Yo no promociono el aborto, no recomiendo abortar a cada mujer embarazada que veo, no digo ni insinúo que abortar sea bueno ni que te haga más feliz. Y, sinceramente, nunca me encontré con nadie que piense así.

Claro que me encontré con personas de las más diversas opiniones y creencias en los aspectos morales, éticos y religiosos, y en las más diversas situaciones: hombres y mujeres, solteras y casadas, ricos y pobres, madres, padres, hermanos… Quienes dicen que jamás justificarían un aborto y demonizan a cualquiera que pretenda comprender a un mujer en esa situación, pero lo dicen desde una posición en la que nunca se encontrarían con semejante dilema personal. Y a la inversa, quienes están en contra de la penalización del aborto y defienden el derecho de la mujer a recibir asistencia y decidir en ese aspecto, aún sabiendo que -en lo personal- tomarían siempre la decisión de continuar con su embarazo.

Reconozco que he dado muchísimas vueltas antes de animarme a escribir sobre este tema. Confieso mi miedo a que se me juzgue en un sentido o en otro. Miedo a tener que pronunciarme sobre si abortaría o no. Miedo a que me juzguen como si estuviera “defendiendo” la muerte, pero al mismo tiempo miedo a que se me critique que no baso mis argumentos en el principio de “en mi cuerpo mando yo”. Considero que ambos argumentos, si queremos llegar a un consenso social y un enfoque inclusivo del tema, no son necesarios en la discusión. Pero considero que tengo que pronunciarme -en momentos en los que en Argentina se está discutiendo el tema y en los que en España hay quienes quieren retroceder en este aspecto- sobre lo que yo considero cuál debe ser el eje de la discusión.

A favor o en contra del aborto -por las razones que ya he indicado- es un falso eje de discusión. Aclarado esto ¿a favor o en contra de qué?. Vamos por partes:

El aborto es una cuestión de Derecho Penal. EN CONTRA.

Está demostrado que la amenaza penal no logra evitar abortos. Lo que logra la penalización es que la intervención se produzca en la clandestinidad. Que a una mujer que se encuentra en uno de los momentos más difíciles de su vida, se le añada el estigma de la criminalización y el rechazo. Que la clandestinidad a la que se ve obligada la lleve a tener que tomar decisiones en soledad y sin ningún tipo de amparo.

La aplicación de las normas penales tampoco funciona, ni puede funcionar. Aplicar el Código Penal y perseguir el delito implicaría que -en Argentina por ejemplo donde el aborto constituye delito- deberían ir presas cada año casi 460.000 mujeres según las estimaciones del Ministerio de Salud. Mujeres que pueden ser nuestras hermanas, amigas, vecinas, cuñadas, maestras… Ni siquiera se persigue el delito, porque la sociedad no está dispuesta a que esas mujeres vayan a prisión. Los procesos penales iniciados casi nunca terminan en condena, pero la persecución penal y el sometimiento a juicio es una condena en sí misma para la mujer.

El principal efecto que produce la criminalización del aborto es que éste se produzca en la clandestinidad, y que la mujer tenga que enfrentarse a esa decisión sin ningún tipo de contención institucional.

El aborto es una cuestión de Salud Pública, Justicia Social y Derechos Humanos. A FAVOR.

El aborto clandestino coloca a las mujeres en una situación de vulnerabilidad máxima. Muchas veces deciden afrontar el tema en la más absoluta soledad con la consiguiente indefensión ante cualquier problema. Muchísimas veces ante una complicación el miedo a enfrentarse a la justicia impide que pidan auxilio médico.  Cada año en Argentina mueren 100 mujeres como consecuencia de abortos realizados en condiciones inseguras de salubridad. Muertes que podrían evitarse. Por eso el aborto es una cuestión de Salud Pública.

El aborto clandestino agrava las diferencias entre ricos y pobres, poniendo en una situación de vulnerabilidad máxima a las mujeres sin recursos económicos. Ellas no podrán acceder a una clínica privada. Deberán recurrir a métodos caseros o a profesionales no cualificados y lugares no habilitados. Por eso el aborto es una cuestión de Justicia Social.

El Estado debe evitar todas las muertes evitables. Y estando comprobado que la persecución penal no disminuye el número de abortos, la acción del Estado debe dirigirse a que el aborto pueda realizarse en condiciones seguras de salubridad. El Estado tiene a su alcance impedir las muertes de las mujeres más vulnerables por los abortos clandestinos. Los abortos inseguros son la principal causa de mortalidad materna en la Argentina, y una de las principales en casi todos los países de Latinoamérica donde el aborto es considerado delito. Por lo demás, no hay ninguna situación comparable en la que se encuentre la otra mitad de la especie: el género masculino, como consecuencia de la decisión de interrumpir un embarazo no deseado. Incluso cuando ambos están de acuerdo, la vida en riesgo como consecuencia de la clandestinidad es la de la mujer. Es una situación de desventaja evitable en la que se encuentra más de la mitad de la población. Por eso el aborto es una cuestión de Derechos Humanos.

Despenalizar el aborto no aumentará el  número de abortos. No hay ningún país del mundo donde ello haya ocurrido. Al contrario, la despenalización del aborto va de la mano de políticas de educación sexual que lo que hacen es evitar precisamente los embarazos no deseados. Además, estoy convencida de que hay más posibilidades de que lleve su embarazo a término una mujer en situación de desprotección si puede acudir a las instituciones, recibir asesoramiento y apoyo y decidir libremente, que si se ve obligada a acudir al circuito clandestino cuyo único destino es el aborto, no la contención ni la ayuda.

Educación sexual para poder decidir libremente, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir.

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