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Posts Tagged ‘justicia social’


“Vuestra sociedad ideal es también una sociedad opresora”, dijo el anarquista al comunista. “No tenéis organización ni ideología y así no llegaréis a nada”, dijo el comunista al indignado. “Sois bipartidistas”, dijo el indignado al socialista. “Vuestra abstención termina beneficiando a la derecha”, dijo el socialista al anarquista.

Mientras tanto en la Moncloa, el presidente del gobierno junto al hombre de negro de los mercados se aprestaba a firmar el decreto que borraría los últimos vestigios de los derechos sociales y la igualdad de oportunidades. En la calle, ante la indiferencia de los viandantes, un grupo de fascistas insultaba a un inmigrante.

“Aunque mi ideal es una sociedad sin autoridad ni jerarquías, respeto vuestra vocación de poder y vuestras acciones a favor de una mayor igualdad y solidaridad social”, dijo el anarquista al socialista. “Un llamado de atención a los representantes y la exigencia de más democracia, no debería considerarse nunca inoportuno”, reconoció el socialista al indignado. “Indignarse es un gran comienzo, pero es cierto que no llegaremos a ningún lado si sólo nos quedamos en eso”, reconoció el indignado al comunista. “Creo que la sociedad sin jerarquías es sólo una utopía, pero es una bella utopía, y al fin y al cabo, son ellas las que nos hacen avanzar”, dijo el comunista al anarquista.

Entonces el hombre de negro se volvió por donde vino y el presidente del gobierno firmó un decreto convocando a elecciones, mientras los fascistas se dispersaban avergonzados ante el reproche espontáneo de los vecinos.

María Claudia Cambi

Nota de la autora: el texto que me inspiró es “Oh quepis, quepis, que mal me hiciste”, un cuento corto de Mario Benedetti. ¡¡¡¡Gracias Silvana por traerlo!!!!

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Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo.”

sello conmemorativo

Un 20 de diciembre de 1956 moría en un pequeño pueblo del norte de Brasil, enfermo, pobre y exiliado, el médico argentino Ramón Carrillo quien -fiel a su pensamiento- dejó a un lado una brillante carrera científica y académica como neurocirujano y neurobiólogo -reconocida internacionalmente- para entregar toda su capacidad y esfuerzo a las necesidades concretas de la gente en el ámbito de la salud.

Cuando después de perfeccionarse en Europa regresó a Buenos Aires en la llamada “Década Infame”,  asistió al saqueo sistemático del país, en un periodo caracterizado por la profunda decadencia moral de la dirigencia, la corrupción y el empobrecimiento de una gran mayoría de la población. Se vincula con su compañero de estudios, el músico Homero Manzi, y otros intelectuales como Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz,  Armando y Enrique Santos Discépolo, representantes de la cultura y de las nuevas ideas nacionales.

Dedicado entonces únicamente a la docencia y la investigación, en 1939 se hace cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central en Buenos Aires, lo que le permitió conocer con mayor profundidad la realidad sanitaria del país. Advirtió cómo, en los aspirantes al servicio militar, prevalecían las enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en los aspirantes de las provincias más postergadas, como la de Santiago del Estero en que nació.

Realizó estudios en los que determinó que el país sólo contaba con el 45% de las camas necesarias, además distribuidas de manera desigual, confirmando sus recuerdos de provincia, que mostraban el estado de postergación en que se encontraba la Argentina fuera de Buenos Aires.

En épocas en que la Revolución del 43 derrocaba al Presidente Castillo -surgido de elecciones fraudulentas- Carrillo conoció en el Hospital Militar al Coronel Juan Domingo Perón, con quien mantenía largas conversaciones. Es precisamente Perón quien convence a Ramón Carrillo para colaborar en la planificación de la política sanitaria del gobierno y al ser elegido Presidente lo pone al frente de la Secretaría de Salud Pública, luego transformada en Ministerio de salud Pública y Asistencia Social.

Hasta entonces, la medicina era una actividad privada destinada a reparar la salud perdida de los enfermos individuales. Las instituciones hospitalarias atendían a los desprotegidos bajo el concepto de caridad, y el Estado intervenía sólo subsidiariamente.

Como Ministro de Salud, llevó a cabo a cabo acciones que incluso en la actualidad son asombrosas.

  • Duplicó el número de camas hospitalarias existentes en el país, de 66.300 en 1946 a 132.000 en 1954.
  • Inauguró 234 hospitales gratuitos.
  • Erradicó en sólo dos años, enfermedades endémicas como el paludismo, con campañas intensivas y ambiciosas.
  • Las enfermedades venéreas, en especial la sífilis, prácticamente desaparecieron.
  • Terminó con las epidemias de tifus y brucelosis.
  • Redujo a la mitad la mortalidad por tuberculosis y la mortalidad infantil.

El desarrollo de la medicina preventiva, la organización hospitalaria, la “centralización normativa y descentralización ejecutiva” fueron los pilares básicos de su acción, imbuidos de una concepción profundamente solidaria y de justicia social:

“Los problemas de la Medicina como rama del Estado, no pueden resolverse si la política sanitaria no está respaldada por una política social. Del mismo modo que no puede haber una política social sin una economía organizada en beneficio de la mayoría.”

Este ambicioso plan necesitó también de la formación de recursos humanos en Universidades y en educación terciaria: supervisores, administradores, visitadores, radiólogos, médicos higienistas, etc., junto al dictado de normas reguladoras del ejercicio profesional y códigos de ética.

Su objetivo fue poner la medicina en función social para lograr asistencia individual, familiar y comunitaria completa y continua, accesible y gratuita, con profesionales actuando en y para la comunidad, atendiendo a sus necesidades desde la justicia social y no de la caridad.

Nunca hizo política partidaria, pero utilizó su gran instinto político para aunar voluntades, actuar y conseguir apoyos en su ambicioso plan.

Una de sus más célebres frases nos indica que su obra, además de admirable, es una tarea inconclusa en demasiados lugares del mundo:

“Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas.”


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