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Archive for the ‘Historias’ Category


Llegó a la presidencia de la República Argentina el 25 de mayo de 2003, con apenas un 22% de votos. Cuando su adversario se apeó de su candidatura para impedir una segunda vuelta y escamotearle la legitimidad de una mayoría electoral, nadie imaginaba que sería capaz de construir su propia legitimidad con cada acto de gobierno y cada día de su mandato.

La manera en la que Néstor llegó a la presidencia me recuerda a una escena de comedia en la que cuando el sargento pide un voluntario que dé el paso al frente, dan todos un paso atrás, menos uno. Pues así fue, todos los presidenciables se iban apartando, como si la autopreservación fuera más importante que la responsabilidad histórica. Y ahí quedó, solito, Néstor Kirchner. Había sido intendente de la entonces capital más austral del continente, y luego gobernador de la provincia más despoblada del país. Era un dirigente militante, y aunque no parecía su momento, aceptó el reto.

Si hablamos de “herencia recibida”, un yunque ere etéreo al lado de lo que traía a cuestas el bastón presidencial: el país sumido en la más profunda depresión económica y en el mayor descreimiento de la ciudadanía en sus instituciones y en la política; una deuda externa de 180 mil millones de dólares; default; una desocupación de más del 25%; economía del trueque; monedas paralelas; cierre masivo de fábricas; emigración en masa… Se dice que el país estaba al borde del abismo, pero están equivocados. Ya había caído, y era profundo. No alcanzaba con quedarse quieto o moverse, había que trepar, y descalzos.

Ese 25 de mayo de 2003 se puso el país al hombro y entró en la Casa Rosada sin dejar sus convicciones en la puerta. Y por eso la “herencia recibida” nunca fue una coartada, ni una excusa, porque no las necesitó. Por el contrario, Néstor hizo más de lo que prometió y más de lo que cualquier prudente o tibio esperaba de su gestión.

Encaró una durísima y desgastante negociación con los acreedores externos y redujo la deuda en un espectacular 73%. Parece que resultó muy creíble cuando afirmó: “No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos, generando más pobreza y aumentando la conflictividad social (…) los acreedores tienen que entender que sólo podrán cobrar si a la Argentina le va bien”. Cuando asumió, las reservas eran de tan sólo 11.100 millones de dólares y el peso de la deuda externa pública equivalía al 166 por ciento del PBI nacional. Néstor inició uno de los procesos de desendeudamiento externo soberano y de recuperación de reservas más exitosos de la historia económica global.

Colocó al Estado como protagonista e impulsor de la economía, y por eso, a pesar de que asumió la presidencia con más desempleados que votos, al final de su mandato había 5.000.000 de empleos creados y 200.000 nuevas empresas. Y todo este crecimiento sin recortar derechos sociales. Por el contrario, extendió la cobertura jubilatoria a millones de jubilados no protegidos por el sistema, construyó miles de viviendas, aumentó el presupuesto educativo y se llegó a construir a razón de una escuela por día en todo el país. Redujo drásticamente la pobreza y quebró la línea ascendente de desigualdad, reduciendo también la brecha entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. En definitiva, logró un crecimiento económico extraordinario si se tiene en cuenta la situación de partida, sin resignar ampliaciones de derechos y la redistribución equitativa de esa riqueza.

Pero por si lo anterior no fuera ya suficiente, su política en materia de Derechos Humanos es un ejemplo en todo el mundo y un legado histórico incuestionable: impulsó en el Congreso la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, permitiendo el enjuiciamiento de cientos de represores. No hubo procesos indiscriminados ni vengativos, sino que cada caso avanzó con una fuerte documentación respaldatoria; creó la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las causas por violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante el terrorismo de Estado y apoyó activamente las luchas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Néstor KirchnerAsí, un presidente que llegó con sólo un 22% de los votos, trabajó su legitimidad cada día de su mandato y con cada decisión de gobierno. La prueba de haber honrado con creces el mandato popular es que -contrariamente a lo que normalmente ocurre- dejó la presidencia con más de un 60% de respaldo ciudadano. Fue un líder excepcional que afortunadamente llegó cuando más se lo necesitaba, y lamentablemente se fue, hace hoy cinco años, cuando todavía lo necesitábamos.

Pido perdón a los lectores, pero me resulta inevitable la comparación con el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, que a días de cumplir cuatro años de gobierno, mientras el país continúa sin revertir la situación de desempleo y estancamiento, y se pierden derechos laborales, económicos y sociales a marchas forzadas (en una legislatura los derechos retrocedieron un siglo), todavía sigue hablando de la “herencia recibida” cada vez que tiene micrófono.

Mariano Rajoy - Plasma“¿A mí me vas a hablar de herencia recibida?” le diría  Néstor a Mariano si lo tuviera enfrente. Lástima que aunque fuera posible ese encuentro, no creo Mariano quisiera aprender de su experiencia. Exceptuando que ninguno de los dos se parece a Paul Newman ni logran que les queden bien los trajes, es difícil encontrar cualquier otra coincidencia. Y para ello, dos imágenes valen más que dos mil palabras.

 

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Llegó a la presidencia de la República Argentina el 25 de mayo de 2003, con apenas un 22% de votos (cuando su adversario se apeó de su candidatura para impedir una segunda vuelta y escamotearle la legitimidad de una mayoría electoral, no imaginó que sería capaz de construir su propia legitimidad con cada acto de gobierno, desde el primer día hasta el último de su mandato).

La manera en la que Néstor llegó a la presidencia me recuerda a esa escena típica de comedia en la que cuando el sargento pide un voluntario que dé el paso al frente, dan todos el paso atrás menos uno. Pues así fue, todos los presidenciables del PJ se iban apartando, como si la autopreservación fuera más importante que la responsabilidad histórica. Y ahí quedó, solito, Néstor Kirchner. Había sido intendente de la entonces capital más austral del continente, y luego gobernador de la provincia más despoblada del país. Era un dirigente militante, y aunque no parecía su momento, aceptó el reto.

Si hablamos de “herencia recibida”, un yunque podía considerarse una pluma al lado de lo que traía a cuestas el bastón presidencial: el país sumido en la más profunda depresión económica y en el mayor descreimiento de la ciudadanía en sus instituciones y en la política; una deuda externa de 180 mil millones de dólares; default; una desocupación de más del 25%; economía del trueque; monedas paralelas; cierre masivo de fábricas; emigración en masa…

Ese 25 de mayo de 2003 se puso el país al hombro y entró en la Casa Rosada sin dejar sus convicciones en la puerta. Y por eso la “herencia recibida” nunca fue una excusa para incumplir sus promesas. Por el contrario, Néstor hizo más de lo que prometió y más de lo que cualquier prudente o tibio esperaba de su gestión.

Encaró una durísima y desgastante negociación con los acreedores externos y redujo la deuda en un espectacular 73%. Parece que resultó muy creíble cuando afirmó que “No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos, generando más pobreza y aumentando la conflictividad social (…) los acreedores tienen que entender que sólo podrán cobrar si a la Argentina le va bien”. Cuando asumió, las reservas eran de tan sólo 11.100 millones de dólares y el peso de la deuda externa pública equivalía al 166 por ciento del PBI nacional. Néstor inició uno de los procesos de desendeudamiento externo soberano y de recuperación de reservas más exitosos de la historia económica.

Colocó al Estado como protagonista e impulsor de la economía, y por eso, a pesar de que asumió la presidencia con más desempleados que votos, la dejó con 5.000.000 de empleos creados y 200.000 nuevas empresas, Y todo este crecimiento sin recortar derechos sociales. Por el contrario, extendió la cobertura jubilatoria a millones de jubilados no protegidos por el sistema, construyó miles de viviendas, aumentó el presupuesto educativo y se llegó a construir a razón de una escuela por día en todo el país. Redujo drásticamente la pobreza y quebró la línea ascendente de desigualdad, reduciendo también la brecha entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. En definitiva, logró un crecimiento económico extraordinario si se tiene en cuenta la situación de partida, sin resignar la ampliaciones de derechos y la redistribución equitativa de esa riqueza.

Pero por si lo anterior no fuera ya suficiente, su política en materia de Derechos Humanos es un ejemplo en todo el mundo y un legado histórico incuestionable: impulsó en el Congreso la derogación de las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final, permitiendo el enjuiciamiento de cientos de represores. No hubo procesos indiscriminados ni vengativos, sino que cada caso avanzó con una fuerte documentación respaldatoria, se creó la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las causas por violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante el terrorismo de Estado, y se apoyó activamente las luchas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Así, un presidente que llegó con sólo un 22% de los votos, trabajó su legitimidad cada día de su mandato y con cada decisión de gobierno. La prueba de haber honrado con creces el mandado popular es que -contrariamente a lo que normalmente ocurre- dejó la presidencia con más de un 60% de respaldo popular. Fue un líder excepcional que afortunadamente llegó cuando más se lo necesitaba, y lamentablemente se fue cuando aún se lo necesitaba.

Pido perdón a los lectores, pero me resulta inevitable la comparación con el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, que a días de cumplir tres años de gobierno, mientras el país continúa sin revertir la situación de desempleo y recesión y se pierden derechos laborales, económicos y sociales a marchas forzadas (en una legislatura los derechos retrocedieron un siglo), todavía sigue hablando de la “herencia recibida” cada vez que tiene micrófono.

¿A mí me vas a hablar de “herencia recibida”? le diría seguramente Néstor a Mariano. Lástima que aunque fuera posible ese encuentro, no creo Mariano tomara ninguna lección. Exceptuando que ninguno de los dos se parece a Paul Newman y que ninguno logra que le queden bien las chaquetas del traje, es difícil encontrar cualquier otra semejanza. Y para ello, dos imágenes valen más que dosmil palabras.

Néstor Rajoy

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FAGOR SIAM 2FAGOR -el único fabricante español de electrodomésticos y líder del mercado, buque insignia del mayor grupo industrial del País Vasco y presente en todas las cocinas españolas desde 1956- acaba de comunicar la presentación de un preconcurso de acreedores, integrándose al recientemente creado club de “empresas españolas de toda la vida” que quiebran, junto a Pescanova, Roca, Scalextric, Huesitos, etc.

¿La causa? Que en los últimos cinco años la facturación se redujo a la mitad; que viene acumulando pérdidas desde 2009 hasta llegar a 1.000 millones de Euros; que ni la reducción de la plantilla a un 50%, ni la rebaja de salarios, han logrado que la compañía se sobreponga a la drástica retracción del consumo de las familias (si antes se cambiaba la heladera porque aburría el color, ahora se cambia cuando ya es imposible seguir “atando con alambre” los trozos) y a la falta de financiación.

Varios miles de puestos de trabajo -directos e indirectos- que se pierden, lo que equivale a miles de familias con la zozobra del desempleo quién sabe por cuánto tiempo, y un soberbio varapalo al tejido industrial vasco, son las inmediatas consecuencias de la noticia. Pésima noticia, pero no inesperada.  Más de 200.000 empresas han cerrado y más de 300.000 trabajadores autónomos se han dado de baja desde el comienzo de “la crisis”.

Mientras tanto, en Argentina, SIAM, que en los años 40 y 50 fuera la compañía más grande de América Latina en la industria metalmecánica, orgullo nacional y todo un clásico en las cocinas de nuestras madres y abuelas, se había visto reducida casi a la nada en 1986 cuando fue literalmente desguazada (subsistiendo únicamente una planta de producción de 100 trabajadores autogestionada en cooperativa, en la localidad de Avellaneda).

Pero en pocos días SIAM -la marca de las heladeras de nuestra infancia que los jóvenes no conocen- reactivará la producción de la planta de Avellaneda creando 1000 empleos directos e indirectos, gracias a una inversión privada de capital argentino, de 35 millones de dólares. SIAM volverá a competir en el mercado argentino de los electrodomésticos con vocación de volver a ser líder.

¿Las causas? Quizás sea porque se recuperó el poder adquisitivo de los salarios, que se crearon 5.000.000 de empleos, que creció un 105 % el PIB industrial. Que a pesar de que en 2003 había un 54% de pobres, un 27% de indigencia, un 23 % de clase media y un 25% de desempleados, ahora -en 2013- hay un 6% de pobres, un 1,5% de indigencia, un 46 % clase media y un 7% de desempleados. Quizás sea porque después del infierno de 2002, se decidió que para poder pagar la deuda pública había que rescatar a los argentinos antes que a los especuladores, porque “los muertos no pagan deudas”. Y así se hizo, y hoy se paga la deuda, y se crea empleo, y el consumo de las familias se dispara, y los viajes al exterior, y la compra de automóviles, y de muebles, y de electrodomésticos. Y por eso SIAM vuelve.

FAGOR agoniza en España al mismo tiempo que SIAM revive en Argentina. No son hechos excepcionales, tampoco una mera anécdota, ni casualidad.  Son síntomas, o más bien botones de muestra del rumbo de uno y otro, son la consecuencia de dos políticas de gobierno y dos modelos de país.

Sin embargo, en España, una gran mayoría ciudadana sigue creyendo que no hay otra salida. Sigue consumiendo des-información, y sigue escuchando los adjetivos “populista” y “autoritaria” en cada noticia que los medios le ofrecen sobre al gobierno argentino.  Y en Argentina, un sector de la ciudadanía sigue creyendo que su éxito se debe pura y exclusivamente a su esfuerzo individual, como si ello pudiera lograrse sin un marco político y económico que favorezca la reducción de las desigualdades, la creación de empleo y la protección de la industria, la tecnología y la cultura nacionales.

Si a mí no me creen, pueden creerle al Nobel de Economía Paul Krugman:

“La cobertura de prensa de la Argentina es otro de esos ejemplos de cómo el conocimiento convencional (sobre economía) hace -de manera aparente- imposible acceder correctamente a la información. Seguimos escuchando historias sobre la recuperación de Irlanda cuando, en realidad, no hay mejora alguna, aunque debería haberla porque tomaron el camino ‘correcto'”.

“En cambio, los comentarios sobre la Argentina tienen un tono más que negativo: la Argentina es irresponsable, está renacionalizando sus industrias, tiene un discurso populista, así que les deber ir muy mal, sin importar lo que los estudios indiquen.”

“Sólo para que quede claro, considero que a Brasil le está yendo muy bien, y que ha tenido un buen liderazgo. Pero ¿por qué para nosotros Brasil dio el salto (pertenecer al BRIC) y la Argentina sigue siendo desacreditada? De hecho, sabemos muy bien porqué, pero no hablaría bien de la salud de los reportes económicos.”

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/subnotas/20-58906-2012-05-04.html

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Jonas SalkJonas Salk fue un señor nacido en Nueva York en 1914, hijo de una familia inmigrante ruso-judía sin educación, nacido y criado en Harlem, Queens y el Bronx.  Sin “estirpe”, sin dinero, y estudiante de escuela pública, descubrió la primera vacuna contra los tres virus de la poliomielitis que permitió la erradicación de una enfermedad considerada hasta entonces un flagelo universal.

El incentivo de Salk para salvar millones de niños de la poliomielitis no fue el incentivo económico.  Cuando el célebre periodista Eduard R. Murrow le preguntó en una entrevista televisiva quién poseía la patente de la vacuna, respondió:
Bueno, la gente, diría yo. No hay patente. ¿Podría usted patentar el Sol?” (1)

Jonas Salk echa por tierra los postulados ideológicos del Partido Popular, el que gobierna el Reino de España.  Jonas Salk es sólo un ejemplo conocido de millones más que contradicen la afirmación de que los hijos de “buena estirpe” son superiores a los demás y están predestinados para ello, y que no es cierto que “el supremo incentivo para estimular la productividad y el progreso son las primas de producción”.  (2)

Los Energéticos, de Manel Fontdevila. Publicado en eldiario.es, 5/8/2013. http://www.eldiario.es/vinetas/energeticos_10_161433856.html

Los Energéticos, de Manel Fontdevila. Publicado en eldiario.es, 5/8/2013. http://www.eldiario.es/vinetas/energeticos_10_161433856.html

“¡Vamos a demostrar que ni Jonas Salk ni nadie como él son ejemplo de nada! ¡Vamos a demostrar que se equivocan! ¡Vamos a demostrar que sí se puede patentar el Sol!” Así me imagino a Mariano Rajoy y su Ministro de Industria cuando el pasado 18 de julio remitieron a la Comisión Nacional de Energía el proyecto de decreto que establece que si generas y consumes tu propia energía solar o eólica, tienes que pagar un “peaje” que hará que el autoconsumo resulte más caro que comprar la electricidad al oligopolio hidroeléctrico, y todo bajo penalización que puede llegar hasta 30 millones. (3)

¿Quién dijo que no se podría cobrar regalías por “tomar el Sol”? Ah, sí, Jonas Salk, ese hippie.

María Claudia Cambi

Valencia, 6 de agosto de 2013.

(1) Entrevista a Jonas Salk en CBS Televisión, en See It Now (12 de abril de 1955), citado en Disparos en la oscuridad: la búsqueda de una díscola vacuna contra el SIDA (2001) de Jon Cohen.

(2) “RAJOY, BLAQUIER, Y LA ENVIDIA IGUALITARIA”, de María Claudia Cambi, en  https://dosorillas.wordpress.com/2012/06/12/rajoy-blaquier-y-la-envidia-igualitaria/

(3) http://www.diarioprogresista.es/industria-impide-el-autoconsumo-electrico-al-hacerlo-mas-caro-que-el-34257.htm

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Como cada 1 de julio, felicito al General Juan Jaime Cesio por su cumpleaños y lo hago públicamente no sólo para homenajearlo, sino para dar a conocer su historia de honor y compromiso con la defensa irrestricta de los Derechos Humanos.

Esta vez empezaré por el final. Porque necesitamos finales felices tanto como necesitamos ejemplos, y su historia -afortunadamente- nos brinda ambos. Nos alegra el alma conocer finales felices a vidas dedicadas a la reafirmación democrática en tiempos de dictadura.

Porque a sus recién estrenados 87 años, el General Juan Jaime Cesio ha ganado al olvido y a la infamia. Su trayectoria vital no sólo es un ejemplo, sino un estímulo. Hoy disfruta de un retiro honorable, en compañía de su esposa, hijos y nietos maravillosos. Y en libertad.

Quienes no conocen al General Cesio se preguntarán el porqué de mi nota. Se extrañarán aún más si les cuento que este ciudadano fue descalificado por falta gravísima al honor con accesoria de pérdida del uso del grado, título y uniforme. Pero si también les cuento que la sanción fue aplicada por la última dictadura cívico-militar argentina, la que entre 1976 y 1983 cometió los más graves delitos de lesa humanidad y violaciones a los derechos humanos de la historia reciente, seguro que algo empiezan a entender.

La gravísima falta del entonces Coronel Cesio fue acompañar a las Madres de Plaza de Mayo en una de sus marchas. En realidad no fue sólo eso, puesto que declaró públicamente durante la dictadura que “bandas integradas por militares habían usurpado el gobierno” y que con “el mendaz propósito de combatir la subversión, cometieron delitos aberrantes, como el secuestro, la tortura y el asesinato de miles de personas”.

En momentos en que la práctica totalidad de los uniformados se callaron la boca y miraron para otro lado, al Coronel Cesio se le dio por tener el coraje de decir la verdad.

Consecuencia de semejante atrevimiento, se le inició un sumario por “deshonor e indecoro militar”. Denunciar la desaparición de personas era indecoroso para nuestros militares. Se pidieron para el Coronel Cesio seis años de prisión mayor. Tras un sobreseimiento y un nuevo juicio, el llamado Superior Tribunal de Honor del Ejército le impuso, el 7 de noviembre de 1983 (un mes antes del fin de la dictadura y asunción de Raúl Alfonsín), la más grave de las sanciones previstas. “Descalificación por falta gravísima al honor, con la accesoria de privación de su grado, título y uniforme”.  Osvaldo Bayer dijo sobre el tema: “Matar, desaparecer, robar niños, torturar a mujeres embarazadas, tirar al mar a seres humanos vivos, no era delito. Denunciar esos hechos, sí.”

Ante la condena del Coronel Cesio, el director del Buenos Aires Herald -James Neilson-  escribiría el 15 de noviembre de 1983  un artículo en el que señala: “Muy difícil sería encontrar una prueba más impresionante de los efectos profundamente corruptores del poder sobre las instituciones militares y los hombres involucrados en ellas que el suministrado por este lamentable episodio, revelador del inmenso daño infligido no sólo al país sino a las mismas fuerzas armadas por decenios de régimen militar directo o indirecto. Se ha perdido la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, entre lo que es honorable y lo que no lo es y la de haber instituido un código de silencio, que lo subordina todo al ocultamiento de la verdad no sólo de los extraños sino también de los militares que temen enfrentarla”.

Durante más de 20 años de democracia en la Argentina, la sanción aplicada al Coronel Cesio siguió vigente. Mientras tanto, los genocidas se beneficiaban -de momento- de indultos y leyes de olvido. Algunos llegaron a legisladores y gobernadores.

El Coronel Cesio, mientras tanto, fundó el Centro de Militares para la Democracia Argentina (CEMIDA), desarrolló una militancia política en el Partido Intransigente (lo cual me dio el honor de ser compañera de militancia), y siguió esperando -igual que la sociedad entera-  Justicia.

A continuación, una pequeña píldora de su pensamiento:

“Los militares sirven a la democracia en su profesión y se integran a su país como ciudadanos. Como militares obedecen, como ciudadanos hacen uso de las libertades que la Constitución les otorga, a la que defienden en todos sus órdenes; de entre ellos, el de velar por la paz.” “Se podría comenzar con tratados internacionales de desarme. Es insensato que en los presupuestos se destinen a la compra de armamentos recursos que servirían para paliar la desnutrición y cuidar la salud, entre tantas necesidades impostergables que nos conmueven. La tenencia de armas por parte de los ciudadanos debe ser restringida y ni siquiera debe aceptarse las que los niños usan para JUGAR”. 

No pocos pueblos de América latina han sido flagelados por los golpes de Estado militares a los que llamaron revoluciones cuando en verdad fueron involuciones. Aunque ninguno causó mayor daño y espanto que la última dictadura militar argentina. Los represores –que no solamente mataron y torturaron, sino que también se enriquecieron escandalosamente– ganaron la que llamaron guerra pero perdieron la paz porque se valieron del terrorismo de Estado. El Estado es el único que tiene el derecho de ejercitar la violencia e impone esta potestad tal exigencia ética, que resultan desde todo punto de vista abominables las acciones consumadas sin el debido encuadramiento legal.”

Durante la presidencia de Raúl Alfonsín fue designado Gerente de Resguardo Patrimonial de YPF y se envió por primera vez al Senado su pliego para que se le restituyera el grado militar. Finalmente -y una vez vencidas las resistencias de los sectores más rancios y conservadores- 30 años después del inicio de la dictadura que lo sancionó, y cerca de su cumpleaños 80, en el año 2006 recuperó formalmente el honor que nunca perdió. El entonces Presidente de la Nación Néstor Kirchner envió al Senado los pliegos de ascenso a general de dos coroneles comprometidos con la democracia y la Constitución y perseguidos por grupos paramilitares. La propuesta de ascenso, presentada como una medida “reparatoria, que pone las cosas en su lugar”, alcanzaba al Coronel Cesio y al fallecido Martín Rico, asesinado en marzo de 1975 cuando investigaba a la “Triple A” (banda terrorista de ultraderecha que tras el golpe de 1976 fue asimilada al aparato represivo de la dictadura).

Y cerrando esta historia, vuelvo al principio. Nuestro ahora General Cesio celebra sus 87 años con orgullo, junto a su familia, en libertad, y recibiendo el afecto de todos quienes lo apreciamos, admiramos y valoramos su ejemplo.

Así como a los militares genocidas la Justicia -aunque lentamente- los pone donde les corresponde: entre rejas, en el caso de nuestro General, han sido los representantes del pueblo, y el pueblo, los que le han dado el lugar de honor que se merece.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS, QUERIDO GENERAL!

Adjunto en imágenes la entrevista  publicada por la emblemática Revista Humor de la época, y por cuyas declaraciones fue sancionado. Aprovecho para agradecer a mi amigo, el periodista Dante López Foresi, por hacerme llegar tan valioso documento.

Valencia, 1 de julio de 2013.

María Claudia Cambi

 

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Ya es un clásico del 12 de octubre y los días previos en las redes sociales. Por un lado, mensajes y publicaciones recordando que ese día comenzó un proceso de exterminio de culturas y grupos humanos enteros y por otro lado, mensajes y publicaciones que con mayor o menor educación se resumen en: a mí que me cuentas, eso fue hace 500 años y yo no maté a nadie ni nadie de mis antepasados, además no te quejes que tu origen es europeo.

Veamos:

¿Fue un genocidio la conquista de América?

Claro que lo fue. Eduardo Galeano lo describe con una calidad literaria que no le quita rigor. Pero también lo hace Fray Bartolomé de las Casas (para quien tenga prejuicios en acercarse a Las Venas Abiertas de América Latina). Ambos deberían ser leídos antes de opinar, especialmente si no se ha nacido o vivido en América. Fue un genocidio religioso, cultural y económico. Que haya ocurrido hace mucho hace que no existan responsables ni víctimas directos, y explica que en su momento no se haya visto como tal (ni por los victimarios ni por la víctimas, puesto que el concepto de genocidio ni existía como tal).

¿Son culpables los actuales “descendientes” de los genocidas, los habitantes actuales de los reinos conquistadores?

Claro que no. Estoy de acuerdo con un amigo que con motivo de la efeméride del 12 de octubre expresó que ninguna condena dura más de una generación. Las generaciones actuales no son las culpables de ese genocidio fundante u originario. Parece una tontería aclararlo, pero resulta necesario cada vez que cuando alguien recuerda el tema, otro se defiende invocando “a mí que me cuentas” como si se lo hiciera responsable directo. No, nadie culpa a los españoles actuales de lo ocurrido en el siglo XVI, así que, por favor, no os defendáis -de eso- que no hace falta.

¿Subsisten los efectos de ese genocidio, o no?

La conquista de América creó las bases de una estructura social, política y económica profundamente desigual, tanto en el ámbito geopolítico (Norte-Sur) como dentro de Latinoamérica. El etnocentrismo europeo es una realidad actual. El relegamiento económico y político de los pueblos originarios, de los mestizos, de los “morochitos”, es una realidad. Que no sorprendiera en su momento que Bolivia tuviera un presidente que hablaba mejor inglés que castellano y que sí fuera todo un hito que Bolivia tenga un presidente indígena, es todo un botón de muestra. Que recién ahora -me refiero a las últimas décadas o años como mucho- se visibilicen y se reconozcan jurídica y políticamente los derechos de los pueblos originarios, es también otra prueba.

Que actualmente existen emporios económicos y grandes fortunas -en ambos lados del Atlántico- que se formaron al amparo de dicho genocidio, es un dato, no una opinión.

Sí, ya sé, no hace falta que nadie me lo aclare, no hay vuelta atrás, la historia ha continuado y debemos aceptarla. De hecho no creo que nadie se plantee seriamente la expulsión de los descendientes de los conquistadores, ni siquiera que sean restituidas todas las riquezas expoliadas, literalmente hablando (entre otras cosas porque es imposible de determinar su cuantía). Una hipotética compensación económica es un tema mucho más complejo y que pondría a prueba todo el andamiaje actual del Derecho Internacional Público y Privado.

¿Y los que no somos descendientes de los pueblos originarios no tenemos derecho a hablar del tema ni de recordar el genocidio?

No puedo negar mis orígenes. De hecho, culturalmente me siento lo que soy, una americana de orígenes europeos, con posiblemente una mínima parte indígena por parte de mi abuela paterna. Para muchos yo no tendría derecho a recordar el genocidio y llamarlo como tal sólo porque no soy, mapuche, qom o aymará. Tendría que aceptar la respuesta muy difundida: y tú de que hablas si eres europea en realidad. Y yo digo: ¿sólo los armenios tienen derecho a denunciar el genocidio armenio? ¿Sólo los judíos, gitanos, polacos, etc. tienen derecho a denunciar el genocidio nazi? Entonces no hagamos excepciones con el genocidio americano.

¿Y entonces?

Claro que ya no hay culpables de los hechos. Todos murieron, hace mucho. Pero las consecuencias dañosas subsisten. Y acá es donde entra a jugar el concepto de responsabilidad, que no es lo mismo que culpabilidad (reproche subjetivo a una conducta). Responsabilidad de aceptar la realidad actual. Responsabilidad de hacerse cargo colectivamente de contribuir a revertir las consecuencias negativas de un hecho ilegítimo, si pertenecemos al grupo beneficiado por ese hecho. Responsabilidad de contribuir al diálogo superador. El genocidio nazi se cerró en los Juicios de Nuremberg, podría decirse. El genocidio americano ya no puede tener su Tribunal de Potosí. Habrá que encontrar una manera de cerrarlo. No sé cual es, eso resultará de un esfuerzo colectivo.

Pero sí se que hay una manera en la que nunca se cerrará, y es amordazando a quienes lo siguen recordando. Porque es como negarlo.

María Claudia Cambi

Valencia (España), 12 de octubre de 2012.

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“¿También buscás noticias de tu hijo?” Habrá sido la primera pregunta.

“Tenemos que unirnos y hacer algo.” Habrá sido la primera afirmación.

Eran madres -como la madre y ama de casa más típica que nos podamos imaginar- que buscaban a sus hijos. Eran mujeres corrientes en circunstancias extremas. Buscaban a sus hijos peregrinando por hospitales, morgues, iglesias, obispados, ministerios, comisarías de policía, cuarteles militares, juzgados…

Argentina, 1977, bajo una dictadura cívico-militar. No tardaron en darse cuenta de que se enfrentaban a un Estado Terrorista. Que los funcionarios y personas influyentes a quienes acudían eran los responsables -autores, cómplices, instigadores o encubridores- de aquello que fuera que les pasaba a sus hijos.

¿Qué hacer si quien tenía que garantizar los derechos de sus hijos era quien los estaba violando? ¿A quién acudir? Silencio, frustración y soledad fueron transformados en visibilidad, lucha y unión. Decidieron apoyarse mutuamente, peregrinar juntas, y reconocerse.

Fue Azucena Villaflor la primera que dijo: “Tenemos que hacernos ver. Tenemos que contar lo que nos pasa.” Y se fueron a la Plaza de Mayo. El sábado 30 de abril de 1977, solamente fueron 14. La semana siguiente decidieron ir el viernes. Seguían siendo poquitas. La siguiente eligieron el jueves.

Se llevaban sus ovillos de lana y juntas, mientras tejían, se pasaban la información. Los policías no tardaron en fijarse en ellas. Había estado de sitio, y las reuniones de más de tres personas estaban prohibidas. “Circulen, circulen, no pueden quedarse acá.”. Y entonces comenzaron a circular, rondando la pirámide central de la Plaza de Mayo, en el sentido contrario a las agujas del reloj. ¿Querían que circulen? Pues eso tuvieron. En las mismas narices del Estado terrorista rompieron el estado de sitio. Marcharon, se manifestaron, fueron cada vez más madres y cada vez más visibles. Y desde entonces y hasta hoy, no dejaron de asistir a la Plaza de Mayo, ni siquiera cuando se decretó el estado de sitio en el diciembre negro de 2001.

Las llamaban locas. Las consideraban trastornadas. Pero la prensa extranjera se empezó a interesar cada vez más en ellas de forma inversamente proporcional a una sociedad paralizada por el terror que prefería no ver ni oír. Para reconocerse entre ellas comenzaron a cubrir su cabeza con un pañuelo blanco, en su mayoría hechos con los pañales de tela de los hijos que buscaban.

Esas madres que buscaban a sus hijos se volvieron peligrosas. En diciembre de 1977 tres de ellas -las que eran consideradas pilares de la organización- fueron secuestradas y desaparecidas. Ester, una paraguaya que ya había encontrado a su hija pero siguió acudiendo en solidaridad a las demás madres, Mary Ponce y Azucena Villaflor, la madre fundadora.

Y es que eran la encarnación misma de la solidaridad. Cuando la policía las hostigaba pidiendo documentos o quería llevarse a una, acudían todas a mostrar sus documentos o pidiendo ser detenidas. Esas “locas” que descolocaban a la autoridad lograban así ganar por cansancio más de una vez y continuar su lucha.

Una lucha constante que superó la censura de los medios de comunicación, el miedo de una sociedad átona, sorda y ciega, que de verdad creía que los desaparecidos “algo habrán hecho”. La historia que siguieron escribiendo es por todos conocida y excede el objetivo de esta nota. Y todavía queda mucho por escribir.

Se enfrentaron al poder de los despachos, las sotanas y las botas. Vencieron a los cobardes y a los dictadores. Rompieron el estado de sitio. Y siguen luchando.

Escribo este personal y minúsculo homenaje a esas grandes mujeres desde España. Desde una España que hoy más que nunca necesita aprender la lección de las Madres de Plaza de Mayo. Unos, para tomar ejemplo de su fortaleza, su unidad, su imaginación y su perseverancia. Los otros, para que tomen nota de que por dormida, apática y paralizada que parezca la ciudadanía, siempre hay unas madres, unos padres, hijos, hermanos, ciudadanos y ciudadanas que mantienen viva la lucha por la Justicia y los Derechos Humanos, y que más pronto que tarde despertarán al resto. No importa cuánto se haga desde el poder por borrar la memoria, por criminalizar la protesta social, por considerar peligrosos a los manifestantes pacíficos, por forzar las normas jurídicas para violar los derechos humanos, o por considerar que la única seguridad jurídica que hay que proteger es la de las grandes corporaciones.

Tomemos nota de la lección de las Madres. Es mi modesto consejo.

María Claudia Cambi

Valencia, 30 de abril de 2012.

 

 

 

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