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Llegó a la presidencia de la República Argentina el 25 de mayo de 2003, con apenas un 22% de votos (cuando su adversario se apeó de su candidatura para impedir una segunda vuelta y escamotearle la legitimidad de una mayoría electoral, no imaginó que sería capaz de construir su propia legitimidad con cada acto de gobierno, desde el primer día hasta el último de su mandato).

La manera en la que Néstor llegó a la presidencia me recuerda a esa escena típica de comedia en la que cuando el sargento pide un voluntario que dé el paso al frente, dan todos el paso atrás menos uno. Pues así fue, todos los presidenciables del PJ se iban apartando, como si la autopreservación fuera más importante que la responsabilidad histórica. Y ahí quedó, solito, Néstor Kirchner. Había sido intendente de la entonces capital más austral del continente, y luego gobernador de la provincia más despoblada del país. Era un dirigente militante, y aunque no parecía su momento, aceptó el reto.

Si hablamos de “herencia recibida”, un yunque podía considerarse una pluma al lado de lo que traía a cuestas el bastón presidencial: el país sumido en la más profunda depresión económica y en el mayor descreimiento de la ciudadanía en sus instituciones y en la política; una deuda externa de 180 mil millones de dólares; default; una desocupación de más del 25%; economía del trueque; monedas paralelas; cierre masivo de fábricas; emigración en masa…

Ese 25 de mayo de 2003 se puso el país al hombro y entró en la Casa Rosada sin dejar sus convicciones en la puerta. Y por eso la “herencia recibida” nunca fue una excusa para incumplir sus promesas. Por el contrario, Néstor hizo más de lo que prometió y más de lo que cualquier prudente o tibio esperaba de su gestión.

Encaró una durísima y desgastante negociación con los acreedores externos y redujo la deuda en un espectacular 73%. Parece que resultó muy creíble cuando afirmó que “No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos, generando más pobreza y aumentando la conflictividad social (…) los acreedores tienen que entender que sólo podrán cobrar si a la Argentina le va bien”. Cuando asumió, las reservas eran de tan sólo 11.100 millones de dólares y el peso de la deuda externa pública equivalía al 166 por ciento del PBI nacional. Néstor inició uno de los procesos de desendeudamiento externo soberano y de recuperación de reservas más exitosos de la historia económica.

Colocó al Estado como protagonista e impulsor de la economía, y por eso, a pesar de que asumió la presidencia con más desempleados que votos, la dejó con 5.000.000 de empleos creados y 200.000 nuevas empresas, Y todo este crecimiento sin recortar derechos sociales. Por el contrario, extendió la cobertura jubilatoria a millones de jubilados no protegidos por el sistema, construyó miles de viviendas, aumentó el presupuesto educativo y se llegó a construir a razón de una escuela por día en todo el país. Redujo drásticamente la pobreza y quebró la línea ascendente de desigualdad, reduciendo también la brecha entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. En definitiva, logró un crecimiento económico extraordinario si se tiene en cuenta la situación de partida, sin resignar la ampliaciones de derechos y la redistribución equitativa de esa riqueza.

Pero por si lo anterior no fuera ya suficiente, su política en materia de Derechos Humanos es un ejemplo en todo el mundo y un legado histórico incuestionable: impulsó en el Congreso la derogación de las leyes de Obediencia de Vida y Punto Final, permitiendo el enjuiciamiento de cientos de represores. No hubo procesos indiscriminados ni vengativos, sino que cada caso avanzó con una fuerte documentación respaldatoria, se creó la Unidad Fiscal de Coordinación y Seguimiento de las causas por violaciones a los Derechos Humanos cometidas durante el terrorismo de Estado, y se apoyó activamente las luchas de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Así, un presidente que llegó con sólo un 22% de los votos, trabajó su legitimidad cada día de su mandato y con cada decisión de gobierno. La prueba de haber honrado con creces el mandado popular es que -contrariamente a lo que normalmente ocurre- dejó la presidencia con más de un 60% de respaldo popular. Fue un líder excepcional que afortunadamente llegó cuando más se lo necesitaba, y lamentablemente se fue cuando aún se lo necesitaba.

Pido perdón a los lectores, pero me resulta inevitable la comparación con el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, que a días de cumplir tres años de gobierno, mientras el país continúa sin revertir la situación de desempleo y recesión y se pierden derechos laborales, económicos y sociales a marchas forzadas (en una legislatura los derechos retrocedieron un siglo), todavía sigue hablando de la “herencia recibida” cada vez que tiene micrófono.

¿A mí me vas a hablar de “herencia recibida”? le diría seguramente Néstor a Mariano. Lástima que aunque fuera posible ese encuentro, no creo Mariano tomara ninguna lección. Exceptuando que ninguno de los dos se parece a Paul Newman y que ninguno logra que le queden bien las chaquetas del traje, es difícil encontrar cualquier otra semejanza. Y para ello, dos imágenes valen más que dosmil palabras.

Néstor Rajoy

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El 21 de marzo es el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, en recuerdo de la matanza de Sharpeville, que tuvo lugar en Sudáfrica ese mismo día de 1960, cuando la policía abrió fuego contra una manifestación que protestaba contra el régimen del apartheid o segregación racial. Murieron 69 personas de raza negra –entre ellos niños- y 180 resultaron heridos.

Medio siglo después de la masacre de Sharpeville la discriminación racial sigue presente. No de la misma forma, por supuesto. El racismo violento –afortunadamente- se reduce a grupos de inadaptados, en muchos casos manipulados por agrupaciones políticas de extrema derecha. Aún así, siguen siendo marginales, y su violencia se combate con el Código Penal. Son delincuentes, y así deben ser tratados. Esos no me preocupan.

La discriminación racial que de verdad me preocupa y más extendida en nuestro entorno es ese racismo de baja intensidad, ese racismo que busca aprobación social y se entremezcla con la xenofobia, al punto que racismo y xenofobia pueden considerarse en esencia, lo mismo. Miedo al diferente que se manifiesta de diversas formas, desde el desprecio e invisibilización, hasta la agresión física, pasando por el convencimiento de que somos superiores, y de que son “ellos” los que deben cambiar y ser como “nosotros”, renunciando a su cultura si quieren que los aceptemos. Y me preocupa porque esa es la base sobre la asientan su crecimiento los partidos de ultraderecha en épocas de crisis económica. Como si de los recortes de salarios, salud pública, educación, etc., fueran culpables los inmigrantes y no los señores de traje y corbata que juegan a la ruleta con nuestro bienestar.

La mayoría de estas conductas discriminatorias vienen de personas que no se consideran racistas. “Yo no soy racista, pero…” y después el mazazo discriminatorio “no sé que hacen aquí, no se integran, comen cosas raras, se llevan las ayudas, nos quitan el trabajo…”. ¿Por qué es tan típica esta situación? Porque la xenofobia no deja de ser una distorsión en la percepción de la realidad, que nos hace sobrevalorar nuestra cultura, nuestra etnia y nuestras costumbres por sobre las demás. Pero el xenófobo no se acepta como tal, ya que no es consciente de su alteración en la percepción de la realidad.

El xenófobo no ve una persona, ve un extranjero. Allá donde lo que hay es un trabajador como él, ve un inmigrante que amenaza su empleo. Donde hay un emprendedor, ve un inmigrante al que seguro han ayudado más que a él. Donde hay un paciente, ve un extranjero que abusa de la sanidad pública. Su enfermedad consiste precisamente en no ver a la persona, y ver sólo la amenaza del diferente.

A esta altura algún lector pensará: “no será tan así… en muchos casos tendrán razón.” ¿Lo vemos en ejemplos? Los siguientes son sacados de la vida cotidiana.

Caso 1: A los extranjeros les dan preferencia en la sanidad pública

El señor hace cola para pedir cita a un especialista, justo delante de mí. Delante de él una joven latina. El señor se sentía algo molesto porque parece que no era la primera cola que le tocaba hacer ese día, y para desahogarse se puso a protestar al aire sobre lo mal que funciona la seguridad social en España y sobre cómo los extranjeros eran mejor tratados que los españoles. Buscaba la aprobación en mi cara, que por supuesto no encontró, sino que más bien recibió la siguiente respuesta con todo el acento argentino que pude: “debe haber algún extranjero que tiene beneficios dobles –el de él y el mío-  porque en mi caso, nunca nadie me dio un  trato preferencial por ser argentina.”

El caso es que cuando llega a la ventanilla la joven latina, obtiene cita para la semana siguiente. Le toca al señor enfadado y le dan cita para tres meses después, hecho que lo llevó a enfadarse aún más e increpar a la empleada que por qué a la extranjera la tratan mejor que a él. A lo que la empleada muy calmada pero muy firme y en voz alta le contestó: “SI USTED ESTUVIERA EMBARAZADO TAMBIÉN LE HABRÍA DADO CITA PARA LA PRÓXIMA SEMANA.”

Eso hacen la xenofobia y el racismo: el señor no vio una persona como él, no vio una paciente como él, no vio una embarazada (que por eso sí era diferente), sólo veía una extranjera morena.

Caso 2: Los extranjeros que abren un negocio no pagan impuestos y los nacionales sí.

Este suele ser un tópico recurrente. Cual leyenda urbana, en España todo el mundo conoce un comerciante nacional que se queja de los impuestos que tiene que pagar, y también conoce (en este caso es más probable que lo conozca el cuñado del primo de un amigo) un chino o un marroquí que acaban de abrir un negocio y no pagan impuestos.

Para desmontar este tópico es suficiente con responder: “No estoy enterado/a de que existan tales beneficios, pero supongo que si Ud. lo dice será porque conoce la ley o reglamento. Es más, las personas afectadas por esa situación deberían reclamar las mismas exenciones. ¿Podría decirme cuál es esa ley?”

De hecho, cuando he utilizado esta respuesta, lo más parecido a una exención para extranjeros que me han mostrado fue un convenio de doble imposición internacional entre España y China, que es moneda corriente entre un montón de países del mundo y que -entre otras cosas- sirve para que las empresas españolas puedan exportar sus productos a China -y crear empleo en España- sin tener que pagar impuestos en China. O sea: de exención para extranjeros… ni hablar.

La realidad es que las exenciones impositivas -muy pocas- ayudas y créditos blandos se dan –bajo determinadas condiciones- a todo emprendedor, independientemente de que sea nacional o inmigrante. Pero el xenófobo razona de esta manera: Manolo el de la peluquería de la esquina de toda la vida, no tiene ningún beneficio. Ahmed que acaba de abrir un peluquería, le han bonificado determinados impuestos y le han dado subvenciones. El xenófobo pensará: el marroquí tiene subvenciones y el nacional no. Porque en lugar de ver a un a un emprendedor -que es lo que le da derecho a las ayudas tanto si es nacional como inmigrante- ve al extranjero. La ayuda que recibe por la misma e idéntica razón un nacional no es noticia. La ayuda que recibe un extranjero automáticamente es vista como “ayuda para extranjeros”.

Caso 3: Los extranjeros desempleados reciben más ayudas que los nacionales.

Este comentario que tuve oportunidad de leer es antológico y se explica por sí mismo: “A mí no me dieron el subsidio de desempleo y a mi vecino que es extranjero sí. Yo tengo más derecho porque soy nacional.”

Claro,  el hecho de que para acceder a las prestación de desempleo es que haya realizado los correspondientes aportes -seas o no extranjero- es irrelevante para el xenófobo. ¿Acaso creerá que los extranjeros deben realizar los aportes obligatorios pero luego no recibir la prestación? O cuando hablamos de subsidios no contributivos, el hecho de que la razón por la que se concede o no esa ayuda es la existencia de cargas familiares resulta irrelevante para el xenófobo, que no ve que la razón para recibir o no dicho subsidio es tener o no tener hijos. Lo único que ve el xenófobo es al extranjero, e incluso llega a opinar cuando se le responde que el subsidio no lo recibe por ser extranjero sino por tener más cargas familiares.: “pero los extranjeros tienen más hijos que nosotros, así que también se benefician más.”

Es una respuesta real, dada por una persona que jura y perjura que no es xenófoba.

Caso 4: El gobierno beneficia la contratación de trabajadores extranjeros por sobre la contratación de nacionales

Esta vez, al igual que en el caso 2, opté por solicitarle a la persona que hacía esta afirmación la norma en la que se basaba. Y me adjuntó esto una resolución del ministerio de trabajo, del año 2011, que incentivaba la contratación de desempleados que provinieran del sector de la construcción.

Cuando le comenté que seguía con mi ignorancia porque en ninguna parte del documento podía encontrar la palabra extranjero, inmigrante, o similar, su respuesta fue: “La construcción es uno de los sectores incentivados con reducción de cuotas de la seguridad social, y como el sector de la construcción empleaba mucha mano de obra inmigrante, ahora hay un montón de desempleados extranjeros provenientes de ese sector que tienen incentivada su contratación y tendrán más facilidad para encontrar empleo.”

Otra vez viendo al extranjero, antes que a un trabajador del sector más castigado por la crisis, y cuya contratación se incentiva, tanto si es inmigrante o nacional. La xenofobia no permite ver al trabajador desempleado igual que muchos otros, sólo deja ver al extranjero, aunque en ese incentivo para la contratación, la nacionalidad no tenga nada pero nada que ver.

El caso de los casos, para la antología del disparate: Ana Botella y la inseguridad en la Comunidad de Madrid.

El 5 de febrero de 2003 fue un día infausto en la Comunidad de Madrid. 4 muertos por homicidio, resultado de tres hechos violentos, todos el mismo día. Preguntada por esos cuatro asesinatos, la esposa del entonces Presidente del Gobierno y candidata a concejal por el PP, Ana Botella, tardó décimas de segundo en vincular el aumento de la delincuencia a la llegada de inmigrantes.

http://www.elpais.com/articulo/espana/Ana/Botella/vincula/aumento/delincuencia/llegada/inmigrantes/elppor/20030206elpepunac_6/Tes

De ninguna de esas cuatro muertes en Madrid fue imputado un inmigrante, ni siquiera investigado. Desde el primer momento las investigaciones policiales se dirigieron a españoles que terminaron condenados por ello, uno de los cuales resultó ser un asesino en serie, el “asesino de la baraja”. http://www.elpais.com/articulo/espana/personas/fallecen/asesinadas/24/horas/Madrid/Navarra/elpepiesp/20030206elpepinac_26/Tes

Ana Botella nunca se disculpó por sus declaraciones. Simplemente que la habrán entendido mal.

¿Y tú, a quien ves cuando ves a un inmigrante?

 


Hace unos días tuve una discusión con compañeros de trabajo, acerca del asunto Repsol YPF (comenzó sobre el rumbo de la economía española y sobre cómo había visto a Argentina en mi reciente viaje, y terminó -cómo no- en YPF).

Lo de ser la roja y feminista de la empresa ya lo tengo -y lo tienen- asumido, así como ya tengo asumidos -que no consentidos- los micromachismos cotidianos con los que tengo que lidiar, buscando -y no siempre encontrando- el equilibrio entre no dejar pasar ni una, y mirar para otro lado para no arruinar la comida.

Lo que rescato de esa discusión es uno de los argumentos, esgrimidos por un economista cuando, a la afirmación de que “no debíais haber privatizado en los 90 entonces”, respondí: “entonces me dáis la razon, la recuperación de las acciones de YPF es la corrección de una incorrección que no debió haberse producido”. Este economista entonces afirma: “Claaaaro, Claudia tiene razón y nosotros no. Si mi abuela un día malvende todos sus bienes y deja a sus nietos sin nada de herencia, podemos, ya que eso no estuvo bien, ir a los compradores y quitarles todo lo que compraron, Así de fácil y con todo el morro. (ironic mode off)”

Dejando de lado que en este ejemplo también podría caber la restitución si hubo vicio del consentimiento en origen, y que expropiar no es quitar por las buenas algo a otro ni es algo de países bananeros, sino que la expropiación por causas de utilidad pública es una institución reconocida y utilizada por muchos países, entre ellos España. Decía, dejando de lado eso, lo que me llamó la atención del argumento es la llana y directa asimilación, poniendo en igualdad de condiciones para su protección contra el dispendio y mala administración, a los bienes particulares (los tesoros de la abuela) y a los recursos naturales, los derechos soberanos de un Estado.

Debo reconocer que mis intentos de hacerle entender las diferencias entre uno y otro fueron inútiles. Para él, reconocer las diferencias hubiera implicado cambiar su ideología y su manera de entender la economía y el mundo.

Y es así, no se trata de gestionar mejor o peor, ni siquiera de ser más o menos corrupto (fijaros incluso lo que llego a decir poniendo la corrupción en un plano secundario), se trata de -básicamente y reconociendo matices- dos concepciones antagónicas. Para unos, la propiedad de los bienes en general -sea particular o colectiva- debe estar sometida al principio de función social e interés común, y con más razón los recursos soberanos de un Estado. Para otros, la propiedad privada es un bien sagrado e intocable, y no hay cuestión de soberanía ni de recursos naturales que pueda estar por encima de ese sagrado derecho, todos los bienes son mercancías en potencia, y como tal deben ser tratados, aunque hablemos de petróleo, o de vacunas.

Y por qué me acordé de esta discusión?

Porque ayer escuché -en un avance del programa Salvados, de Jordi Évole- a Eduardo Montes, presidente de la patronal de las compañías eléctricas españolas (UNESA) comparar la producción en el sector eléctrico con la producción de latas de sardinas. El programa se emitirá este domingo a las 21.30, pero ya puede verse un adelanto en la web de la cadena.

El número uno del lobby de las eléctricas, muy suelto de cuerpo, ante una pregunta alusiva a la inexistencia de auditorías sobre los verdaderos costes del sector,  respondió: “¿Hay algún organismo que controle lo que cuestan las latas de sardinas?”,

Finalmente, y a la pregunta sobre lo que pueden hacer las compañías eléctricas para paliar la situación del creciente número de ciudadanos afectados por la pobreza energética, Montes contesta: “Lo que no puede ser es que sean compañías privadas las que suplanten una obligación del Estado”.

Ahí tenéis en su estado más puro a un fiel representante de esta ideología para la que los derechos humanos, las sardinas, la educación, los artículos de lujo, la electricidad, los recursos naturales, la necesidad de alimentos, las acciones en bolsa, la salud, el dólar… es todo lo mismo: mercancías. Ah, eso sí, lo dijo el señor bien clarito: que de los pobres se haga cargo el Estado.

Te dirán que se trata de elegir buenos gestores, te dirán incluso que es mejor elegir gobernantes ricos porque no necesitarán robar y serán honestos (pocas gilipolleces mayores he escuchado en el tema político), te dirán muchas cosas para que creas que ya está todo establecido, que existe un orden intocable, que la economía es una ciencia absoluta como las matemáticas, y que sólo hay que elegir buenos administradores.

No les creas. La ideología sí importa.

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1) La llamada “doctrina Parot” del Tribunal Supremo español es un criterio sobre aplicación de beneficios penitenciarios. Cuando alguien resulta condenado a penas por encima del máximo previsto en la ley, esos beneficios pueden aplicarse sobre el total de penas o sobre el máximo que debe cumplirse legalmente. Si los beneficios que implican reducción de pena se aplican sobre el total de penas y alguien ha sido condenado a 1.000 años de prisión no es lo mismo empezar a descontar tiempo, comenzando en 1.000 años o en 30 años (que es el máximo de condena de cumplimiento efectivo), como es evidente. Hasta una fecha determinada, en España se aplicaba la redención sobre la pena máxima de 30 años.

2) El cabreo ciudadano ante el hecho de que asesinos múltiples con condenas enormes quedasen en libertad a los 20 años de estar en prisión provocó una reforma legislativa  en 2003 que dio lugar a una modificación del artículo 78 del Código penal (del nuevo Código Penal de 1995 -que vino a reemplazar al de 1973- y que ya había eliminado la redención de penas, aunque mantenía, lógicamente, otros beneficios penitenciarios).  Es decir que a partir de 1995 ya no existía la redención de penas -aunque sí otros beneficios- y se seguía tomando como condena el máximo de 30 años. A partir de 2003 se pasa a tomar para los beneficios el total de las condenas múltiples (1.000 años, por ejemplo, y no 30).

3) El sólo hecho de que se hable de que la doctrina lleve el nombre del condenado, Parot, y no del jurista que la elaboró, es un claro indicio de que fue concebida ad hoc, para cambiar la interpretación de la ley con miras a un caso específico ya ocurrido. Se refería a un delito cometido antes de 1995 (o sea que existía la redención de penas y se contaba el máximo de 30 años) pero que finalizaba su condena después de 2003. La sentencia del Supremo que recoge la doctrina Parot es del año 2006, y a partir de ahí se aplicó en todos los casos de presos por delitos múltiples que con el cómputo anterior saldrían a los 20 años de prisión, para hacerles cumplir el máximo de 30 años.

4) El Tribunal Europeo de Derechos Humanos -en relación a un caso concreto que fue llevado hasta él- no dice que el cómputo de las penas con la reforma penal de 2003 -que evita que criminales múltiples cumplan menos del máximo- esté mal, ni que el criterio de fondo de la doctrina Parot sea ilegal.

5) El Tribunal Europeo lo que hace es ratificar la vigencia plena para los Estados que respetan la Convención Europea de Derechos Humanos, de un principio básico del Derecho Penal de las sociedades democráticas: no hay delito ni pena sin ley penal que previamente lo establezca.

6) Este principio es una de la más importantes garantías ciudadanas contra la arbitrariedad del Estado y proporciona seguridad jurídica, al saber qué actos son delitos y qué sanción corresponde, antes del acto.

7) Cambiar el cómputo del cumplimiento de las penas extendiendo el período de prisión implica un cambio en la condena. Por ende, este cambio sólo puede aplicarse hacia el futuro: a los delitos cometidos con posterioridad a la nueva ley (a partir de 2003).

8) La doctrina Parot que extiende el período de prisión para determinados delitos múltiples, pretendía ser aplicada por el Tribunal Supremo español -y de hecho se aplicó- a delitos cometidos con anterioridad a su elaboración (el objetivo de esta doctrina es aplicar el cálculo extensivo de las penas a delitos cometidos antes de las modificaciones del Código Penal en 2003, puesto que a partir de aquí sí se aplica el cómputo extendido).

9) Es esto último lo que el Tribunal Europeo considera violatorio de la Convención Europea (art. 5.1, que prohíbe la aplicación retroactiva de la ley penal más gravosa): ya que al momento de cometerse esos delitos no existía el Código Penal de 2003 y el criterio del Tribunal Supremo español era distinto al de la doctrina Parot. No es cierto que el Tribunal Europeo esté en contra de la aplicación de los beneficios sobre el total de condenas, de lo que está en contra es de que este cambio se aplique retroactivamente, a delitos cometidos con anterioridad a la ley. Y sí, los Tribunales de Derechos Humanos tienen la saludable costumbre de velar por los derechos humanos.

10) A la civilización humana le ha costado miles de años llegar a reconocer la existencia de algo tan básico como que “todo ser humano tiene determinados derechos por el sólo hecho de ser humano” y que las garantías en materia penal son una protección al ciudadano, -como yo y como tú que estás leyendo- contra la arbitrariedad del Estado, no una protección a los delincuentes.

11) Muy débil sería nuestro Estado de Derecho y nuestra convicción democrática si un criminal -con la excusa de aplicarle el mayor castigo- nos llevara como sociedad a traicionar los más elementales principios de aplicación de los derechos humanos. Convencidos de nuestro triunfo, no hubiéramos sido mejores que el criminal.

12) Es normal que las víctimas se sientan agraviadas por la imposibilidad de extender las penas a delitos cometidos antes de 2003 y consideren que la sentencia es injusta. En realidad, ninguna sentencia sería justa desde su punto de vista, por imposibilidad de restaurar las cosas la estado anterior al delito y por imposibilidad de que exista un castigo acorde al daño. Incluso si hubiera pena de muerte ¿acaso podría ser castigado tantas veces como delitos cometió el reo? Hasta con la pena de muerte, recibiría el mismo castigo el condenado por un homicidio que por treinta, porque ambos morirían una vez.

13) Siglos de civilización nos llevó pasar de un Derecho Penal en el que regía la venganza privada, a un Derecho Penal que ponía el poder punitivo en manos del Estado. Claro que las víctimas deben ser oídas, resarcidas y reivindicadas. Pero así como nadie defendería seriamente que un paciente con cáncer sabe más que su oncólogo sobre cómo curar el mal, no se puede defender seriamente que sean las víctimas las que determinen la política criminal del Estado, que lo que debe perseguir no es la venganza sino la paz social, con respeto a los derechos humanos. Las víctimas son parte, por supuesto, con derecho a ser oídas, pero no son el legislador ni el juez.

14) Los medios de comunicación ante la sentencia: lamentablemente, salvo contadas y honrosas excepciones, han perdido una gran oportunidad de informar al ciudadano, optando por desinformar azuzando los instintos más básicos de venganza. Hoy cualquier televidente medio cree que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos “se ha puesto del lado de los terroristas”, cuando en realidad no ha hecho más que reafirmar los derechos humanos de todos los ciudadanos.


FAGOR SIAM 2FAGOR -el único fabricante español de electrodomésticos y líder del mercado, buque insignia del mayor grupo industrial del País Vasco y presente en todas las cocinas españolas desde 1956- acaba de comunicar la presentación de un preconcurso de acreedores, integrándose al recientemente creado club de “empresas españolas de toda la vida” que quiebran, junto a Pescanova, Roca, Scalextric, Huesitos, etc.

¿La causa? Que en los últimos cinco años la facturación se redujo a la mitad; que viene acumulando pérdidas desde 2009 hasta llegar a 1.000 millones de Euros; que ni la reducción de la plantilla a un 50%, ni la rebaja de salarios, han logrado que la compañía se sobreponga a la drástica retracción del consumo de las familias (si antes se cambiaba la heladera porque aburría el color, ahora se cambia cuando ya es imposible seguir “atando con alambre” los trozos) y a la falta de financiación.

Varios miles de puestos de trabajo -directos e indirectos- que se pierden, lo que equivale a miles de familias con la zozobra del desempleo quién sabe por cuánto tiempo, y un soberbio varapalo al tejido industrial vasco, son las inmediatas consecuencias de la noticia. Pésima noticia, pero no inesperada.  Más de 200.000 empresas han cerrado y más de 300.000 trabajadores autónomos se han dado de baja desde el comienzo de “la crisis”.

Mientras tanto, en Argentina, SIAM, que en los años 40 y 50 fuera la compañía más grande de América Latina en la industria metalmecánica, orgullo nacional y todo un clásico en las cocinas de nuestras madres y abuelas, se había visto reducida casi a la nada en 1986 cuando fue literalmente desguazada (subsistiendo únicamente una planta de producción de 100 trabajadores autogestionada en cooperativa, en la localidad de Avellaneda).

Pero en pocos días SIAM -la marca de las heladeras de nuestra infancia que los jóvenes no conocen- reactivará la producción de la planta de Avellaneda creando 1000 empleos directos e indirectos, gracias a una inversión privada de capital argentino, de 35 millones de dólares. SIAM volverá a competir en el mercado argentino de los electrodomésticos con vocación de volver a ser líder.

¿Las causas? Quizás sea porque se recuperó el poder adquisitivo de los salarios, que se crearon 5.000.000 de empleos, que creció un 105 % el PIB industrial. Que a pesar de que en 2003 había un 54% de pobres, un 27% de indigencia, un 23 % de clase media y un 25% de desempleados, ahora -en 2013- hay un 6% de pobres, un 1,5% de indigencia, un 46 % clase media y un 7% de desempleados. Quizás sea porque después del infierno de 2002, se decidió que para poder pagar la deuda pública había que rescatar a los argentinos antes que a los especuladores, porque “los muertos no pagan deudas”. Y así se hizo, y hoy se paga la deuda, y se crea empleo, y el consumo de las familias se dispara, y los viajes al exterior, y la compra de automóviles, y de muebles, y de electrodomésticos. Y por eso SIAM vuelve.

FAGOR agoniza en España al mismo tiempo que SIAM revive en Argentina. No son hechos excepcionales, tampoco una mera anécdota, ni casualidad.  Son síntomas, o más bien botones de muestra del rumbo de uno y otro, son la consecuencia de dos políticas de gobierno y dos modelos de país.

Sin embargo, en España, una gran mayoría ciudadana sigue creyendo que no hay otra salida. Sigue consumiendo des-información, y sigue escuchando los adjetivos “populista” y “autoritaria” en cada noticia que los medios le ofrecen sobre al gobierno argentino.  Y en Argentina, un sector de la ciudadanía sigue creyendo que su éxito se debe pura y exclusivamente a su esfuerzo individual, como si ello pudiera lograrse sin un marco político y económico que favorezca la reducción de las desigualdades, la creación de empleo y la protección de la industria, la tecnología y la cultura nacionales.

Si a mí no me creen, pueden creerle al Nobel de Economía Paul Krugman:

“La cobertura de prensa de la Argentina es otro de esos ejemplos de cómo el conocimiento convencional (sobre economía) hace -de manera aparente- imposible acceder correctamente a la información. Seguimos escuchando historias sobre la recuperación de Irlanda cuando, en realidad, no hay mejora alguna, aunque debería haberla porque tomaron el camino ‘correcto'”.

“En cambio, los comentarios sobre la Argentina tienen un tono más que negativo: la Argentina es irresponsable, está renacionalizando sus industrias, tiene un discurso populista, así que les deber ir muy mal, sin importar lo que los estudios indiquen.”

“Sólo para que quede claro, considero que a Brasil le está yendo muy bien, y que ha tenido un buen liderazgo. Pero ¿por qué para nosotros Brasil dio el salto (pertenecer al BRIC) y la Argentina sigue siendo desacreditada? De hecho, sabemos muy bien porqué, pero no hablaría bien de la salud de los reportes económicos.”

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/subnotas/20-58906-2012-05-04.html


El joven no entendía por qué tanto enfado con el Ministro francés que ordenó expulsar a todos los gitanos rumanos, de vuelta a Rumania:

Estos de los derechos humanos ya se pasan!!! Es cierto que delincuentes e impresentables hay de todos orígenes y colores, no es que yo sea racista ni “xenófago” o como se diga eso, pero a éstos que no son franceses -pensaba el joven- no tienen por qué aguantarlos. Además, yo estoy en España, qué me importa. Bastante tengo con lo mío, hace dos años ya que no tengo curro, nadie necesita un albañil. Y sin pasta tampoco puedo estudiar otra cosa…
En fin… voy a seguir echando currículums, a ver si hay suerte. Ahora hay que tener suerte hasta para que te reciban el currículum, y ni hablar para que al menos lo lean. Creo que tengo más posibilidades de ganar la lotería que de encontrar algún curro. Y encima te encuentras con que está lleno de extranjeros trabajando. No tengo nada contra ellos, pero ¿no debería ser los españoles primero cuando somos tantos los que estamos parados? 6.000.000 de desempleados, si los de afuera se volvieran todos a su país seguro que la mitad de los españoles encuentra trabajo.
Ayer mismo pasé por una empresa de transporte a echar el curriculum (no he repartido nunca, pero no me importa y aprendo rápido, además me gusta conducir), cuando llegué había un montón de conductores descargando, y resulta que también había colombianos, venezolanos, uruguayos, argentinos, marroquíes, rumanos, y un par de negros africanos. Cuando localicé a un español le pregunté dónde dejar el CV y llamó a la responsable: “Claudia, ¿puedes bajar que hay un chico que pregunta por trabajo?” Era también extranjera!!!!!
No puede ser, si dan ganas de hacerse de esos con la cabeza rapada y las botas, un “esquínjed” de esos. Ya sé, voy a escribir a los de la empresa de transporte y les exigiré que despidan a todos los extranjeros y contraten nacionales o les mando una inspección de trabajo y de hacienda y de todo lo que pueda. Nadie está limpio del todo, seguro que se asustan. Decidido. No les va a salir barato tener tantos extranjeros. Alguien tiene que hacer algo o este país se va al carajo.
Primero los de casa ¿no? Si tus hijos pasan hambre no le vas a regalar comida al vecino. Pues acá pasa lo mismo. Si hay españoles en paro no vamos a regalar empleo a los de afuera!!!
Bueno, a seguir. Me voy para Llanera de Ranes que me dijeron que van a contratar albañiles para unas obras viales y la nueva planta de residuos también pide gente.

– Buenas… ¿es acá donde hay que apuntarse para la obra vial?
– Sí, déjeme el currículum.
– Tome. Como verá, soy albañil con mucha experiencia, español, y hablo valenciano.
– ¿Es vecino de Llanera? Porque acá Ud. pone que vive en Valencia.
– No, soy de Alzira de toda la vida, pero ahora vivo en Valencia.
– Lo siento entonces, se ha decidido contratar solamente a vecinos del pueblo. Tome, llévese el currículum, si lo deja irá a la basura.

Esta historia es una ficción basada en distintos hechos e informaciones reales, vividos o presenciados por la autora.

María Claudia Cambi

Valencia, 25 de septiembre de 2013


Jonas SalkJonas Salk fue un señor nacido en Nueva York en 1914, hijo de una familia inmigrante ruso-judía sin educación, nacido y criado en Harlem, Queens y el Bronx.  Sin “estirpe”, sin dinero, y estudiante de escuela pública, descubrió la primera vacuna contra los tres virus de la poliomielitis que permitió la erradicación de una enfermedad considerada hasta entonces un flagelo universal.

El incentivo de Salk para salvar millones de niños de la poliomielitis no fue el incentivo económico.  Cuando el célebre periodista Eduard R. Murrow le preguntó en una entrevista televisiva quién poseía la patente de la vacuna, respondió:
Bueno, la gente, diría yo. No hay patente. ¿Podría usted patentar el Sol?” (1)

Jonas Salk echa por tierra los postulados ideológicos del Partido Popular, el que gobierna el Reino de España.  Jonas Salk es sólo un ejemplo conocido de millones más que contradicen la afirmación de que los hijos de “buena estirpe” son superiores a los demás y están predestinados para ello, y que no es cierto que “el supremo incentivo para estimular la productividad y el progreso son las primas de producción”.  (2)

Los Energéticos, de Manel Fontdevila. Publicado en eldiario.es, 5/8/2013. http://www.eldiario.es/vinetas/energeticos_10_161433856.html

Los Energéticos, de Manel Fontdevila. Publicado en eldiario.es, 5/8/2013. http://www.eldiario.es/vinetas/energeticos_10_161433856.html

“¡Vamos a demostrar que ni Jonas Salk ni nadie como él son ejemplo de nada! ¡Vamos a demostrar que se equivocan! ¡Vamos a demostrar que sí se puede patentar el Sol!” Así me imagino a Mariano Rajoy y su Ministro de Industria cuando el pasado 18 de julio remitieron a la Comisión Nacional de Energía el proyecto de decreto que establece que si generas y consumes tu propia energía solar o eólica, tienes que pagar un “peaje” que hará que el autoconsumo resulte más caro que comprar la electricidad al oligopolio hidroeléctrico, y todo bajo penalización que puede llegar hasta 30 millones. (3)

¿Quién dijo que no se podría cobrar regalías por “tomar el Sol”? Ah, sí, Jonas Salk, ese hippie.

María Claudia Cambi

Valencia, 6 de agosto de 2013.

(1) Entrevista a Jonas Salk en CBS Televisión, en See It Now (12 de abril de 1955), citado en Disparos en la oscuridad: la búsqueda de una díscola vacuna contra el SIDA (2001) de Jon Cohen.

(2) “RAJOY, BLAQUIER, Y LA ENVIDIA IGUALITARIA”, de María Claudia Cambi, en  https://dosorillas.wordpress.com/2012/06/12/rajoy-blaquier-y-la-envidia-igualitaria/

(3) http://www.diarioprogresista.es/industria-impide-el-autoconsumo-electrico-al-hacerlo-mas-caro-que-el-34257.htm